EL PAIS DE

 LOS SIN-CEROS

 

                                                       ACTO I

 

Escena I-En un canal de televisión.

 

 

(Se escucha la cortina musical de un programa de entrevistas. La presentadora aparece en escena.)

 

 

PERIODISTA-. ¡Buenas noches...! ¡Tenemos hoy una visita! ¡Sí, sí,  sí! ¡Un invitado muy especial! Estimado público... ¡Señoras y señores, recibamos con un fuerte aplauso al señor Gobernador! (Se escuchan aplausos. Entra el Gobernador, seguido por Ingrid, su secretaria privada)

GOBERNADOR-. Es un placer estar en su programa.

PERIODISTA-. Damos también la bienvenida a la señorita Ingrid, su secretaria privada.

INGRID-. Gracias, y un saludo a todos los que me conocen.

GOBERNADOR-. Tengo poco tiempo, y quisiera responder ya mismo a todas sus preguntas.

PERIODISTA-.Vayamos a la primera: Háblenos de su infancia. Señor Gobernador, ¿cómo se portaba en la escuela?

GOBERNADOR-. Siempre fui un poco travieso, aunque nunca llegué a tener graves problemas de conducta.

INGRID-. ¡Oh, su madre dice que de chico era uno...!

PERIODISTA-. ¿Qué recuerdo tiene de sus maestros?

GOBERNADOR-. Muy buen recuerdo.

INGRID-. Salvo de la de quinto grado, que lo suspendió por tres días cuando casi incendia la biblioteca.

PERIODISTA-. ¿Cómo se llevaba con las matemáticas?

GOBERNADOR-. Bastante bien. Antes de empezar primer grado ya sabía todos los números.

PERIODISTA-. ¿Cuál es su número preferido?

GOBERNADOR-. El uno. Es el más simple, el más fácil de escribir, y el más utilizado.

PERIODISTA-. ¿Así que el uno es su número favorito?

INGRID-. Y el mío también.

PERIODISTA-. ¿Y un número que le desagrade?

GOBERNADOR-. El cero. Es un número desagradable por su aspecto insulso y vacío. Un número que representa a lo que no existe no sirve para nada. Debería desaparecer.

PERIODISTA-. Muy interesante ha resultado la observación que el señor Gobernador ha realizado con respecto a los números.

INGRID-. Ya es tarde, señor. Debe ir a descansar. Mañana temprano tiene una reunión con el Ministro de Economía.

GOBERNADOR-. Si no le molesta, ya debo marcharme. Pero antes quisiera enviar saludos a mi abuelita, que mañana cumple cien años.

PERIODISTA-. ¿Cien años? ¡Toda una vida! ¡Espero que su abuelita se sienta más joven que nunca! Muchas gracias por su presencia en nuestro programa. (Habla al público) Y ustedes, ya saben: Los ceros no sirven para nada...

LOS TRES-. ¡Deberían desaparecer...!

 

 

 

Escena II-Al otro día, en la Casa de Gobierno.

 

 

OTTO-.    ¡Tengo un gran problema, tengo un problemón!

                 ¡En este gobierno todo lo hago yo!

                 ¡Soy el secretario de la secretaria

                 del Gobernador!

                 ¡Todo lo hago yo! ¡Todo lo hago yo!

                 El señor ordena, ella lo delega,

                 ¡y todo lo hago yo!

                 Mientras los señores dan explicaciones

                 por televisión, ¡todo lo hago yo!

                 ¡Todo lo hago yo!

                 Soy el secretario de la secretaria

                 del Gobernador.

                 ¡Todo lo hago yo! ¡Todo lo hago yo!

 

 

 OTTO-. ¡Desde la limpieza hasta las cuentas, todo lo hago yo!(Saca cuentas con un lápiz y una  libreta.) Dos por dos cuatro, dos por tres seis, dos por cuatro ocho, dos por cinco... Uno.   ¿Dos por cinco uno?¡No puede ser! Dos por dos cuatro, dos por tres seis, dos por cuatro ocho, dos por cinco... Es inútil. ¡Me doy por vencido! ¡Las matemáticas no son mi fuerte!

INGRID-. (Entrando) Buenos, días, Otto.

OTTO-. Buenos días.

INGRID-. ¿Me has visto anoche por televisión?

OTTO-. Sí, la he visto.

INGRID-. Todos me dijeron que parecía tener diez años menos. Y conste que no usé maquillajes. Hay quienes lucen mejor personalmente, pero yo... tanto de una forma como de otra...  ¡Otto! ¿Me estás prestando atención?

OTTO-. Sí, señorita Ingrid.

INGRID-. Pues nadie lo diría. ¿Qué es lo que haces?

OTTO-. Debo terminar estas cuentas para poder entregar unas planillas que...

INGRID-. ¿Aún no has completado esas planillas? Debiste haberlas entregado ayer.

OTTO-. Ya lo sé. Y todas las cuentas estaban hechas. Pero los resultados de hoy no son los mismos que los de ayer. Han cambiado. He estado sacando cuentas toda la mañana y no logro

Resolver esta multiplicación.

INGRID-. (Arrebatándole la libreta) Veamos... ¿Dos por cinco? ¿Con esto has estado perdiendo el tiempo toda la mañana? ¿Esta es la cuenta que no puedes resolver...? ¿Dos por cinco? ¡Dos por cinco es diez!

OTTO-. Ya lo sé. Y así ha sido desde que yo iba a la escuela primaria. Pero parece que las cosas han cambiado, porque toda la mañana he sacado la misma cuenta. Y siempre me ha dado uno.

INGRID-. ¡Qué estupidez! ¡Dos por cinco uno! Seguramente has estado bebiendo. ¡Dame un lápiz! ¡Dos por cinco uno! Es la insensatez más grande que oí en mi vida. Dos por cinco es, fue, y siempre será diez. ¡Este lápiz no escribe!

OTTO-. ¿Ha visto? El lápiz escribe todos los números menos el cero.

INGRID-. Supongo que tu lápiz ha estado bebiendo contigo. Intentaré con mi lapicera.

OTTO-. Lo he intentado con una docena de lápices, lapiceras, tizas y pinturitas de colores. Todos se niegan a escribir el cero.

INGRID-. En tal caso multaremos al sindicato de lápices. ¿Cómo pueden negarse a escribir un cero?

OTTO-. No me entendió. No son los lápices los que se niegan a escribir, sino los ceros que se

niegan a aparecer.

INGRID-. (Intentando hacer la cuenta en la libreta) ¡Es inútil! ¡Dos por cinco da uno! El cero no quiere aparecer en la hoja.

OTTO-. ¿Cuánto es cinco por cuatro?

INGRID-. ¡Qué pregunta! ¡Cinco por cuatro es veinte!

OTTO-. Trate de escribirlo.

INGRID-. ¡No puedo! Cinco por cuatro... ¡dos! ¡El cero no aparece!

OTTO-. Los ceros me han vuelto loco toda la mañana. ¡Se niegan a aparecer en las cuentas!

INGRID-. Trae una calculadora.

OTTO-. Ya hice la prueba. Tampoco hay ceros en las calculadoras.

INGRID-. ¡Esto es increíble!

OTTO-. ¡Realmente increíble!

INGRID-. Debemos informar al Gobernador. Aunque difícilmente nos crea.

OTTO-. Nunca van a cerrar bien las cuentas, si los ceros brillan por su ausencia. (Entra el Gobernador)

GOBERNADOR-. ¡Ingrid... !

INGRID Y OTTO-. ¡Señor Gobernador... !

INGRID-. Hablábamos de usted, justamente.

OTTO-. ¡Justamente!

INGRID-. ¿Dónde están los resultados que debiste entregarme ayer por la tarde?

OTTO-. ¿Dónde están?

INGRID-. ¿Dónde están?

OTTO-. ¿¡Dónde están?!

INGRID-. Usted me pidió esos resultados y yo se los encargué a Otto, señor.

GOBERNADOR-.¿Adónde están los resultados, Otto?

OTTO-.Señor Gobernador, me temo que los resultados no se encuentran.

GOBERNADOR-. ¿Los has perdido?

OTTO-. No exactamente.

GOBERNADOR-. ¿Los han robado?

OTTO-. No exactamente.

GOBERNADOR-. ¿Adónde están los resultados?

OTTO-. Me temo que se han marchado, señor.

GOBERNADOR-. ¿Que se han marchado? ¿Adónde?

OTTO-. No lo sé. Quizás se hayan ido a visitar a algún pariente lejano, o tal vez se han toma-do vacaciones.

GOBERNADOR-. ¡Ingrid!

INGRID-. ¡Señor!

GOBERNADOR-. ¿Hasta cuándo tendré que soportar las burlas de tu secretario?

INGRID-. Creo que Otto no se está burlando, señor.

OTTO-. Estoy diciendo la verdad.

INGRID-. Tenemos malas noticias.

OTTO-. Más que malas son malísimas.

INGRID-. Mejor que le cuente Otto.

OTTO-. ¡Los ceros me han roto el coco!

INGRID-. ¡Parece cosa de locos!

GOBERNADOR-. ¡Ingrid!

INGRID-. ¡Señor!

GOBERNADOR-. ¡Exijo una explicación!

INGRID-. Está bien, señor. Al parecer... los ceros...

INGRID Y OTTO-. ¡Se han escapado de la tabla de multiplicar!

GOBERNADOR-. ¿Qué?

INGRID-. Sabía que no iba a creernos. Los ceros, señor, no aparecen en la tabla del dos.

OTTO-. Ni en la del tres.

INGRID-. Ni en ninguna. Es imposible verlos.

OTTO-. O escribirlos

INGRID-. Se han ocultado quién sabe dónde.

OTTO-. Tal vez estén entre nosotros.

INGRID-. Tal vez nos estén espiando.

OTTO-. Tal vez se hayan muerto.

INGRID-. El asunto es...

INGRID Y OTTO-. ¡Que nos hemos quedado sin ceros!

GOBERNADOR-. ¿Sin ceros?

OTTO-. No ha quedado ni uno. ¡Hasta se han ido de las calculadoras!

GOBERNADOR-. ¿Y quién es el responsable de semejante barbaridad?

INGRID-. Creo que sé quien es la responsable: ¡La goma de borrar! Seguramente ha estado bailando sobre las hojas y  ha borrado a todos los ceros.

OTTO-. Lo dudo. En ese caso podrían volver a escribirse, tarea que resulta imposible.

GOBERNADOR-. Otto tiene razón. Debe haber otro responsable.

INGRID-. ¿Recuerda el señor, los comentarios realizados anoche en ese programa de televisión?

GOBERNADOR-. ¿Acerca de mi maestra de quinto grado?

INGRID-. No, señor. Me refiero a los comentarios acerca de los ceros.

OTTO-. Yo lo escuché, señor.

INGRID-. Todo el país lo escuchó.

OTTO-. Usted dijo que los ceros no servían para nada.

INGRID-. Que daba lo mismo si estaban o no.

INGRID Y OTTO-. ¡Qué debían desaparecer!

GOBERNADOR-. No pueden habérselo tomado tan a pecho. Un número no tiene derecho a

ofenderse, y luego escaparse como si nada de las tablas de multiplicar.

INGRID-. De hecho se han escapado, señor.

OTTO-. Así es.

GOBERNADOR-. Llamaré a los demás números. Ellos podrán darnos más información.           ¡Que se suspendan por ahora todas las operaciones matemáticas! ¡Y no informen a la prensa! Ya saben como son los periodistas. Les gusta escandalizar y harán de esto un problema más grave de lo que realmente es.(Sale.)

 

 

Escena III

 

 

INGRID-. ¿Has escuchado, Otto? Ni una palabra a nadie.

OTTO-. No necesito que me lo repita. (Entra el "Calendario". Su cuerpo es un gran block de hojas. En la primera se puede leer "18 de Abril)

CALENDARIO-. Buenos días.

INGRID-. ¿Quién es usted?

CALENDARIO-. Soy el Calendario Oficial, y vengo a hablar con el Gobernador.

INGRID-. El señor Gobernador está muy ocupado.

OTTO-. ¡Ocupadísimo!

INGRID-. Dudo que pueda atenderlo.

CALENDARIO-. No me iré de aquí hasta que escuche lo que vengo a decir.

INGRID-. El señor Gobernador está atendiendo en estos momentos asuntos de suma importancia.

CALENDARIO-. ¿Cómo cuáles?

INGRID-. Secreto de estado.

OTTO-. Los ceros se han escapado de la tabla de multiplicar.

INGRID-. ¡Otto!

OTTO-. Perdón.

CALENDARIO-. No me extraña. Justamente traigo información acerca del tema.

INGRID-. ¿Acaso usted sabe dónde se han ido los ceros?

CALENDARIO-. No, no, no, no...

OTTO-. ¿Ha visto a alguno?

CALENDARIO-. No, no, no, no...

INGRID-. ¿Sabe cuándo volverán?

CALENDARIO-. No, no, no, no...

OTTO-. ¡Bueno, ya! ¡Basta de no, no! ¿Cuál es la información que viene a traer?

CALENDARIO-. La información es que los ceros no sólo se han ido de la tabla de multiplicar. También han desaparecido del Calendario.

INGRID-. ¿Cómo dice?

OTTO-. ¡Lo que faltaba!

CALENDARIO-. Y no daré mayor información hasta que me atienda el Gobernador en persona

INGRID-. ¡Otto, ve a buscarlo! ¡Rápido! (Sale Otto) ¿Cómo han podido los ceros escaparse del Calendario?

CALENDARIO-.Como lo hace todo el mundo. ¿Acaso no se escapan los animales de sus jaulas, los presos de las cárceles, o los locos de los manicomios? Pues bien, esta vez los ceros se han escapado del Calendario.

INGRID-. Lo dice usted de una forma tan sencilla. No puedo entender cómo una multitud de ceros puede haber escapado sin que nadie los haya visto.

CALENDARIO-. Yo los he visto.

INGRID-. ¿Qué dice? ¿Ha visto a los ceros escapar?

CALENDARIO-. Así es.

INGRID-. Al señor Gobernador le encantará oír esto.

GOBERNADOR-. (Vuelve seguido por Otto) ¿Quién me llama?

INGRID-. Señor, el Calendario Oficial quiere hablar con usted. Los ceros también han huido del Calendario, y él los vio cuando escapaban.

GOBERNADOR-. ¿Es eso cierto?

CALENDARIO-. Totalmente.

GOBERNADOR-. Cuénteme todo lo que sepa. ¡Ingrid!

INGRID-. ¿Señor?

GOBERNADOR-. Toma nota.

INGRID-. ¡Otto!

OTTO-. ¿Sí?

INGRID-. ¡Toma nota! Yo iré a interrogar al resto de los números. (Sale, y Otto comienza a anotar las declaraciones del Calendario)

GOBERNADOR-. Señor almanaque...

CALENDARIO-. ¡Calendario!

GOBERNADOR-.Como sea. Lo escucho.

CALENDARIO-. Esta madrugada, estaba yo descansando sobre el escritorio de su despacho cuando comencé a sentir un cosquilleo en la barriga. Fue entonces cuando noté que un cero se salía del número diez, dejando al uno solito y abandonado. En pocos segundos, todos los ceros restantes se salieron de mis hojas, saltaron al escritorio, y huyeron en forma despavorida.

GOBERNADOR-.¿Corrían?

CALENDARIO-.¡Señor Gobernador! ¿Cómo puede correr un cero si no tiene piernas? ¡Rodaban!

GOBERNADOR-. ¿Cómo pudieron abrir la puerta?

CALENDARIO-. No la abrieron. Pasaron por debajo. Aunque hubo algunos que saltaron y huyeron por el agujero de la cerradura.

GOBERNADOR-. ¿Cuántos eran?

CALENDARIO-. ¡Miles! ¡Imagínese cuántos ceros hay en un Calendario adulto, completo y prolijito como yo!

GOBERNADOR-. Mientras ellos huían, ¿usted no pensó en seguirlos?

CALENDARIO-. Pensé que no valdría la pena preocuparse por un número que prácticamente no existe. Pero esta mañana... ¡descubrí algo espantoso!

GOBERNADOR-. ¿Qué?

CALENDARIO-. Fíjese usted mismo. (Señala su panza, en la que se lee claramente "18 de Abril")

GOBERNADOR-. Dieciocho de abril. ¡Qué novedad! Todos sabemos que hoy es dieciocho de  Abril.

CALENDARIO-. ¿Qué fecha es mañana?

GOBERNADOR Y OTTO-. Diecinueve de abril.

CALENDARIO-. Fíjense. (Levantan una hoja y se lee:"19 de Abril") ¿Y pasado mañana?

GOBERNADOR Y OTTO-. Veinte de abril.

CALENDARIO-. Fíjense. (Levantan otra hoja, y se lee": 2 de Abril")

GOBERNADOR Y OTTO-. ¡Falta el cero!

CALENDARIO-. De manera que en dos días será dos de abril, y luego tres, y cuatro, y  así sucesivamente hasta llegar al diez, que ya no será diez, sino uno.

OTTO-. ¡Luego del nueve de abril, vendrá el primero de mayo!

CALENDARIO-. De modo que si los ceros no aparecen, todos los meses del año tendrán nueve días.

OTTO-. ¡El tiempo pasará rapidísimo!

CALENDARIO-. Y pronto llegaremos al año cinco mil, que como no tendrá ceros, será el año cinco.

GOBERNADOR-. (Algo confundido) ¡Esto es ridículo! ¡Después del nueve de abril viene el diez de abril! ¡Aunque le falte el cero, sigue siendo un diez!

OTTO-. ¡Señor!

CALENDARIO-. (Indignado) ¡Cómo dice semejante barbaridad!

OTTO-. ¡Que no lo escuche la oposición!

CALENDARIO-. ¿Dónde se ha visto un diez sin cero?

OTTO-. ¡Es inconcebible!

CALENDARIO-. Si al diez le falta el cero ya no es más un diez. ¡Es un uno y se acabó!

GOBERNADOR-. ¿Esto significa que no sólo hemos perdido al cero sino también al diez?

CALENDARIO-. Y al veinte.

OTTO-. Y al treinta.

CALENDARIO-. Y a todos los números que necesitaban un cero para poder existir.

GOBERNADOR-. ¡En buen embrollo nos hemos metido!

CALENDARIO-. No podré cumplir con mis obligaciones mientras las cosas no vuelvan a la normalidad.

GOBERNADOR-. Muy bien, señor almanaque...

CALENDARIO-. ¡Calendario... !

GOBERNADOR-. Prometo que pronto hallaremos una solución.

CALENDARIO-. Así espero, señor Gobernador. Me retiro.

GOBERNADOR-. Hasta luego. Otto, acompáñalo hasta la puerta. (Sale el Calendario. Otto lo acompaña.)

 

 

 

Escena IV

 

 

OTTO-. (Volviendo) Señor, la señorita Fortunata Fortunati acaba de llegar y aguarda impaciente desde hace una hora.

GOBERNADOR-. ¿Cómo una hora si acaba de llegar?

OTTO-. Sí, hace seis minutos. ¿Olvida el señor que la hora no tiene ya sesenta minutos sino seis?

GOBERNADOR-. Es verdad. Hazla pasar. (Otto va hacia la puerta, pero la señorita Fortunati ya ha entrado. Otto se retira.)

FORTUNATA-. ¡Aquí estoy! ¡Y exijo una explicación!

GOBERNADOR-. ¿Qué explicación?

FORTUNATA-. ¡¿Qué explicación?! ¡Qué explicación! ¡Tenía hasta ayer trescientos pastores ingleses custodiando mi mansión y sólo me quedan tres! ¡De mis ciento ocho mucamos han quedado dieciocho, y mi fortuna de doscientos millones de pesos se ha reducido a dos!¡¿Y el señor Gobernador se da el lujo de preguntarme qué explicación?!

GOBERNADOR-. Señorita Fortunata Fortunati, me temo que hay para esto una sola explicación.

FORTUNATA-. ¿Una sola?

GOBERNADOR-. No puede haber más de nueve.

FORTUNATA-. ¿Qué dice?

GOBERNADOR-. Digo que los ceros se han marchado y sólo nos quedan los números del uno al nueve.

FORTUNATA-. ¿Está diciendo que los ceros se han fugado?

GOBERNADOR-. Así es.

FORTUNATA-. ¡Es ridículo!

GOBERNADOR-. Así es.

FORTUNATA-. ¡Es absurdo!

GOBERNADOR-. Así es.

FORTUNATA-. ¡Es un inútil!

GOBERNADOR-. Así es... ¡¿Cómo...?!

FORTUNATA-. ¿Cómo es posible que un Gobernador provoque una huelga de números, sólo por tener la lengua más rápida que la cabeza? ¡He perdido por su culpa toda su fortuna!¡Doscientos millones de pesos! ¡Creo que voy a desfallecer!

GOBERNADOR-. Señorita Fortunati, ¿cuál es su grupo sanguíneo?

FORTUNATA-. Cero, RH positivo.

GOBERNADOR-. El grupo cero ha desaparecido. No hay sangre para transfundirla, así que le ruego que mantenga la calma.

FORTUNATA-. (Al borde del llanto) ¡Cómo puedo calmarme si mis autos cero kilómetro ya son todos viejos, y un billete de dos pesos es todo lo que me queda!

GOBERNADOR-. Señorita Fortunati, ¿era usted feliz ayer, cuando los ceros estaban en su lugar, y sus bienes valían una fortuna?

FORTUNATA-. En realidad... Es difícil ser feliz cuando no se tiene con quien compartir tanta riqueza.

GOBERNADOR-. Sin embargo conozco a mucha gente que la admira y que quisiera ganarse su amistad.

FORTUNATA-. ¡Bah..., sólo por interés! Así ha sido siempre. Nunca nadie me ha querido por lo que soy. Y al final de cuentas, mi corazón es el más solitario y pobre de los corazones.

 

FORTUNATA-. Soy la pobre Fortunata Fortunati,

                            la mujer más rica del país.

                            He viajado por El Cairo y Nagasaki,

                            por New York, por Londres y París.

 

                            Mi mansión es puro brillo, ¡todo un lujo!

                            Un palacio estilo bien francés,

                            con setenta habitaciones en desuso,

                            y un salón para tomar el té.

 

                            Tengo ochenta gargantillas de diamantes,

                            cuatro mil tapados de visón.

                            Pero nunca tuve cosas importantes.

                            Un amigo, o un poco de amor.

 

                            Tengo cinco limousines, muchos autos,

                            un tractor, tres barcos y un avión...

                            Un sombrero para cada día del año,

                            y un sólo y triste corazón...

 

                            ¡Y un sólo y triste corazón... !                                                                                                                                                                 ¡Y un sólo y triste corazón...!

 

FORTUNATA-. Acabo de darme cuenta de que siempre he sido rica, pero pobre por dentro.

GOBERNADOR-. Fíjese qué poco importan las cosas materiales. Ayer valían una fortuna y hoy han perdido todo su valor.

FORTUNATA-. Tal vez ahora que ya no soy millonaria encuentre personas que me quieran de verdad, y a las que no les preocupe cuánto guardo en mi caja fuerte.

GOBERNADOR-. Que así sea.

FORTUNATA-. Hasta pronto señor Gobernador, y espero que esos números traviesos no le creen más problemas.

GOBERNADOR-. Eso espero, señorita Fortunati. Eso espero... (Queda pensativo mientras Fortunata se marcha.)

                           

         

 

Escena V-En el canal de televisión.

 

 

(La misma presentadora del programa anterior es ahora conductora de un noticiero. Entra junto a su novio, también conductor)

 

NOVIO-. ¿Alguna novedad?

PERIODISTA-. Todas malas.

NOVIO-. ¿Qué hay de los ceros?

PERIODISTA-.Ni rastros. Parece que se los ha llevado el viento.

NOVIO-. ¿Y qué hay de nosotros? No podremos casarnos.

PERIODISTA-. ¿Cómo?

NOVIO-. Íbamos a casarnos el veinte de abril.

PERIODISTA-. ¿Y tan pronto te has arrepentido?

NOVIO-. Quiero casarme cuánto antes, pero el veinte de abril ya no existe. ¡Le falta el cero!

PERIODISTA-. ¡Es la primera vez que alguien acepta casarse conmigo, y algún gracioso hizo desaparecer del almanaque la fecha de mi casamiento!

VOZ EN OFF-. ¡En el aire!(Música de un programa de noticias. Ambos miran hacia una su-puesta cámara.)

NOVIO-. ¡Reiteramos...! ¡Noticia del día!

PERIODISTA-. Los ceros han desaparecido del país.

NOVIO-. Es la primera vez en la historia que los números hacen paro.

PERIODISTA-. Ya no se encuentran ceros en los almanaques ni en las cajas registradoras.

NOVIO-. No se podrá retirar dinero de las cuentas bancarias hasta que los ceros vuelvan a su lugar.

PERIODISTA-. El colectivo de la línea ciento tres está haciendo el recorrido de la línea trece

NOVIO-Si usted vive en un edificio alto recuerde que el décimo piso ya no existe.

PERIODISTA-. Los que antes vivían en el décimo, ahora viven en el primero.

NOVIO-. El canal cincuenta y el canal cinco emiten la misma programación.

PERIODISTA-. Recordamos a las amas de casa que la harina cuatro ceros no se consigue ya en ningún supermercado.

NOVIO-. Pronóstico del tiempo: la temperatura máxima pronosticada para mañana es de veintinueve grados, y la mínima: dos grados bajo... ¡Dos grados bajos!

PERIODISTA-. En todos los hospitales se necesita sangre del grupo cero. A quienes puedan suministrarla se les ruega llamar a los teléfonos: cero cuarenta y cuatro... ¡Cero cuarenta y cuatro! ¡Dios mío! ¡No habrá nadie que pueda comunicarse!

NOVIO-. La situación es caótica. El día de hoy ha sido desesperante para muchos. Esperemos que mañana todo vuelva a la normalidad. Ella y yo íbamos a casarnos el veinte de abril. Si algún cero nos está mirando, les pedimos..., les rogamos..., ¡les suplicamos...!,que por favor...

LOS DOS-. ¡Vuelvan a sus lugares!

 

 

 

 

Escena VI-En la Casa de Gobierno.

 

 

 

INGRID-. Señor, su esposa está en el teléfono.

GOBERNADOR-. No puedo atenderla ahora. Que llame más tarde.

INGRID-. Ya se lo dije, señor. Pero parece que es urgente. Está muy preocupada.

GOBERNADOR-. No es para menos. ¿Quién no lo está?

INGRID-. Dice que debe ir a ver a su abuela en forma inmediata.

GOBERNADOR-. ¡Mi abuela! ¡Hoy cumple años! ¡Con todo este lío lo había olvidado!

INGRID-. Justamente de eso se trata. Parece ser que su abuelita se encuentra un poco confundida.

GOBERNADOR-. ¿Y quién no?

INGRID-. La desaparición de los ceros la ha afectado mucho. Y el problema la ha tocado  muy de cerca.

GOBERNADOR-. ¿Qué tan cerca?

INGRID-. ¿Recuerda usted cuántos años cumple hoy su abuelita?

GOBERNADOR-. ¡Cómo no! Cien años.

INGRID-. Eso en la teoría, pero en la práctica...

GOBERNADOR-. ¡Dios mío! ¡El número cien lleva dos ceros!

INGRID-. Que ya no están.

GOBERNADOR-. ¿Adónde está mi abuela?

INGRID-. Está con su señora. Y fíjese que al no haber ceros, la pobre cree que ha cumplido  un año y ha vuelto a usar chupete.

GOBERNADOR-. ¡No... !

INGRID-. Ha perdido el habla, balbucea cosas ininteligibles, ha dejado su bastón, y gatea como un bebé por toda la casa.

GOBERNADOR-. ¡¿Mi abuela?!

INGRID-. Sí, señor. En este momento su esposa está dándole la mamadera.

GOBERNADOR-. Esto no puede seguir así. Hay que hallar a los ceros cueste lo que cueste o en pocas horas...¡ nos volveremos com-ple-ta-men-te-lo-cos...!

 

 

GOBERNADOR-         ¡Qué problemón!¡No puede ser!

                                       ¿Cómo es que nadie los puede ver?

                                       ¡Se han escapado sin vacilar

                                       de la tabla de multiplicar!

 

INGRID-.                       Los maestros de la escuela,

                                        los soldados del cuartel...

                                        Todo el mundo está en las calles

                                        revisando por doquier...

 

TODOS-.                        Nadie puede saber dónde se han de esconder,

                                        abajo del sofá o adentro de una nuez.

                                        Busquen en la sopa, en la cama y entre la ropa.

                                        Hurguen en cada rincón.

                                        Es tan triste y tan feo

                                        que desaparezca el cero

                                        como el tres o el dos.

 

OTTO-.                           ¡Qué problemón! ¡Qué insensatez!

                                        ¿Cómo han huído? ¡Quiero saber!

GOBERNADOR-.         ¿Adónde fueron? ¿Dónde estarán?

                                        ¡Quizás ya nunca regresarán!

 

INGRID-.                        Los bomberos, las abuelas,

                                         policías y bebés...

                                        ¡Todo el mundo está en las calles

                                        a punto de enloquecer!

 

 

 

 

 

 

                                                             ACTO II

 

 

 

 

Escena I-En la Casa de Gobierno. Un día después.

 

 

(Entra el Gobernador leyendo una carta. Se lo ve nervioso, preocupado.)

Gobernador-. ¡Hemos llegado al colmo! ¡La iglesia también ha entrado en crisis! (Lee)

"Los diez mandamientos ya no existen. Sólo ha quedado uno. La gente dice mentiras como nunca, y hasta los más decentes han salido a robar. Dios que nos proteja con su bendición." ¡El país se está hundiendo! ¡Quisiera saber dónde se han metido mis asistentes!

(Entran Otto e Ingrid. Casi peleándose por hablar.)

INGRID-. ¡Señor Gobernador!

OTTO-.¡Señor Gobernador!

GOBERNADOR-.¿Qué pasa?

INGRID-.Tenemos que decirle algo.

OTTO-.¡Algo muy importante!

GOBERNADOR-.¡No quiero más malas noticias!

INGRID-.Es algo muy bueno.

OTTO-.¡Buenísimo!

GOBERNADOR-.¿De qué se trata?

INGRID Y OTTO-. ¡Hemos encontrado un cero!

GOBERNADOR-. ¿Qué?

OTTO-. Lo encontré yo.

INGRID-. ¡Yo lo vi primero!

OTTO-. Porque yo se lo había señalado antes.

INGRID-. ¡No es cierto!

GOBERNADOR-. ¡Basta! ¿Adónde está ese cero? ¡Quiero verlo!

INGRID-. Se lo hemos traído.

OTTO-. ¡Fui yo el que lo trajo!

GOBERNADOR-. ¿Está aquí? ¿Está vivo?

INGRID Y OTTO-. ¡Por supuesto, señor Gobernador!

GOBERNADOR-. Háganlo pasar. Quiero interrogarlo. (Salen Otto e Ingrid.) Este cero me dará la solución. Lo obligaré a que me informe el paradero de sus compañeros. De lo contrario se lo someterá a juicio por complot y encubrimiento. (Vuelven Otto e Ingrid, traen al supuesto cero atado y amordazado.)

OTTO-. Debemos tener mucho cuidado.

INGRID-. Puede intentar escaparse.

OTTO-. Se resistía a venir.

INGRID-. Estaba medio dormido cuando lo capturamos.

OTTO-. ¿Capturamos? ¡Fui yo el que lo capturé!

INGRID-. ¡No mientas, Otto!

GOBERNADOR-.¡Ingrid!

INGRID-. ¡Señor!

GOBERNADOR-. No informen a la prensa hasta que sepamos dónde está el resto de los ceros. Que esto sea un secreto de estado. ¡Desátenlo!(Ingrid y Otto obedecen.

OTTO-. Fíjese qué buen cero, señor. No pude haber hallado uno mejor.

INGRID-. Es un cero gordito y bien dibujado. Se nota que lo ha hecho algún experto en la materia.

GOBERNADOR-. ¡Déjenme interrogarlo! Muy bien, señor... Usted y sus compañeros han cometido una falta muy grave. ¿Le parece bien? ¡Fugarse de un día para el otro sin avisar a las autoridades! ¡Un número tan grandote haciendo cosas de chiquitos! Respóndame: ¿Adónde se oculta el resto de los ceros?