LOS TRES HIJOS DEL REY

Personajes:
Rey Moro
Jamet, hijo mayor
Omar, segundo hijo
Asad, hijo menor
Consejero
Ayuda de cámara
Sirviente uno
Sirviente dos y más, si se quiere

Tomado del Libro de los Exemplos del Infante Don Juan Manuel

Escenografía

Acto 1, 2 y 3:

Recámara del rey. Al fondo, una o dos ventanas en el estilo de la arquitectura árabe. Varios cojines en el suelo. Un banco cubierto por una tela y un taburete.

Ideas para la representación

Será más sencillo y divertido que ustedes mismos sean los actores y puedan así hacer todos los gestos y ademanes que están indicados en las acotaciones, o sea, usar mucha mímica.

El vestuario se puede hacer más o menos como se ve en esta imagen, con papel crepé o con telas corrientes, o si no, bastarán turbantes en la cabeza y toallas en los hombros para dar la idea de un cuento árabe. El turbante es una tira larga enrollada en la cabeza como más les guste.

La escenografía debe dar la idea de que se trata de un rey moro. Basta colocar al fondo una o dos ventanas recortadas en papel, con la forma lobulada que los árabes usaron en sus alcázares o palacios.

La utilería será un sol y una luna recortados y pintados en cartón, con un palo que sirva para sostenerlos. Conseguirán unos cojines y dos banquitos tapados con una tela.

Si en la escena no hay telón, un niño puede decir ante el público: "¡Que se levante el telón!" y todos lo imaginarán.

Primer Acto

(Al abrirse el telón aparece el rey moro en camisón. Está recostado entre cojines. Se sienta y se despereza con mucho trabajo. Está viejo y achacoso. Tose varias veces. Tocan a la puerta.)

Rey

Adelante... adelante.

Consejero
entra

¿Cómo ha pasado la noche Su Majestad?

Rey

Mal... mal... mi buen consejero. Te iba a llamar. Me alegro de verte. La tos no me dejó dormir. Tampoco esta preocupación que tengo.

Consejero

¿Cuál es, Majestad?

Rey

Amanezco cada día más viejo y achacoso... y muy cansado. Es hora de que uno de mis hijos gobierne el reino en mi lugar.

Consejero
pensativo

Cualquiera de los tres sería un buen rey. Los tres son buenos, inteligentes, sanos y valientes.

Rey

Ese es el problema: ¿Cómo saber cuál de los tres gobernará mejor?

Los dos se quedan pensativos un rato, sin hablar. Se rascan la cabeza, caminan de un lado para otro como leones enjaulados.

Consejero
feliz

¡Tengo una idea! ¡Una buena idea, Majestad!

Los dos se secretean. Con sus gestos y ademanes el rey muestra que aprueba y que está satisfecho. Sale el consejero. El rey toca una campanita. Aparece el sirviente número uno y hace una gran reverencia juntando las palmas de las manos cerca de su cara, al estilo oriental.

Rey

Hazme el favor de decirle al príncipe Jamet, el mayor de mis hijos, que venga enseguida a ayudarme a vestir.

El sirviente sale de escena después de hacer una reverencia. El rey espera. Se sienta, se levanta, mira hacia la puerta, se pasea de un lado a otro cada vez mas impaciente. Al cabo de un rato Jamet aparece corriendo.

Jamet

¡Discúlpame, padre mío, se me hizo tarde porque...

El Rey
interrumpe

Bueno, bueno, basta de disculpas y ayúdame a vestir.

Jamet

Sí, sí, enseguida... (Grita) ¡Ayuda de cámara!

Aparece en escena el ayuda de cámara. Hace una gran reverencia

¡Anda, trae pronto el traje del rey mi padre!

Ayuda de cámara

Pero... ¿cuál de todos?

Jamet
dudoso

Pues... pues... déjame preguntar. (Va hacia el rey.) ¿Qué traje quieres ponerte hoy?

Rey

El traje de brocado azul con adornos amarillos.

Jamet

(Corriendo hacia el ayuda de cámara.) ¡Que traigan el traje azul de brocado con adornos amarillos para el rey!

Ayuda de cámara

Está bien, príncipe Jamet. (Hace bocina con las manos y grita.) ¡Sirviente número uno!

Aparece el sirviente número uno y hace una gran reverencia

Ordena que traigan los adornos amarillos para el traje de brocado azul del rey.

El sirviente número uno hace una reverencia. Forma bocina con las manos y grita

Sirviente 1

¡Sirviente número dos!

Sirviente número dos aparece. Hace una reverencia

¡Ordena que traigan el traje para el rey azul de brocado con amarillos adornos!

Aquí se puede seguir haciendo el juego con todos los niños que quieran participar, dando la orden cada vez más alrevesada. Esto se puede hacer con voces desde adentro. El juego puede seguirse con los zapatos, el turbante, el manto. Mientras, el rey bosteza, muestra impaciencia y aburrimiento. El ayuda de cámara lo va vistiendo a medida que recibe las prendas de vestir, completamente diferentes a las que pidió.

Rey

(Muy impaciente) ¡Se ha hecho tardísimo, hijo mío! Tendrás que recorrer tú solo la ciudad. Cuando regreses, me contarás lo que viste.

Jamet

Sí, padre mío, así lo haré.

Rey

Ordena que te den un buen caballo.

Jamet hace una reverencia y sale de escena. Luego sale el rey cabizbajo. Para dar la idea de que ha transcurrido un día, pasa un niño por toda la escena llevando un gran sol en la mano. Camina despacio.

Segundo Acto

Misma escenografía

Al abrirse el telón, está el rey en camisón, sentado entre los cojines. Tocan.

Rey

Adelante.

(Entra Jamet muy cansado y se sienta en el taburete.)

Jamet

Buenas noches, padre mío. ¡Vengo tan cansado!

Rey

Dime: ¿Cómo te fue?, ¿qué viste?, ¿qué oíste?

Jamet

¡Me divertí tanto! A mi paso toda la gente gritaba: "¡Que viva el hijo de nuestro buen rey!" Los músicos tocaron todo el tiempo y los grandes del reino me ofrecieron un banquete.

Rey
Bosteza

Bien, hijo mío, puedes retirarte. Estás cansado de tanta fiesta y yo no me siento bien.

Jamet

Que descanses, querido padre.

(Hace una reverencia y ademán de irse.)

Rey

¡Ah! Pídele a tu hermano Omar que venga mañana temprano para que me ayude a vestir.

Jamet

Sí, padre mío. (Sale de escena.)

El rey se recuesta en los cojines y duerme. Cruza la escena un niño con una luna en la mano. Camina despacio y de puntitas. Apenas desaparece la luna, otro niño asoma el sol en una orilla de la escena. El rey despierta, se sienta, tose, se levanta, ve por la ventana. Ve hacia la puerta. Da vueltas con impaciencia. Omar entra corriendo.

Omar

¡Discúlpame, padre mío, anoche no dormí bien y no pude levantarme!

Rey

No perdamos más tiempo y ayúdame a vestir.

Omar (Grita)

¡Ayuda de cámara, ven pronto! ¡Trae la ropa del rey mi padre!

Ayuda de cámara

Pero ¿qué ropa he de traer?

(Aparece, hace una reverencia)

Omar

¿Qué traje deseas ponerte hoy?

Rey

Me gustaría el traje verde con adornos dorados.

Aquí se hace el mismo juego para todas las prendas: cada quien va cambiando de lugar una o varias palabras en cada una de las órdenes. El ayuda de cámara va vistiendo al rey a medida que van llegando las prendas, completamente distintas a las que pidió.

Rey

¡Ay, hijo mío! Se ha hecho tan tarde que no podré acompañarte. Ve tú solo. A la noche me contarás lo que viste.

Omar

Así lo haré, padre mío. (Hace una reverencia y se va)

El rey sale y atraviesa la escena un niño llevando el sol

Tercer Acto

Al abrirse el telón, está el rey en camisón, recostado en los cojines. Tocan.

Rey

Adelante.

Omar (Entra, saluda al rey, se sienta en el taburete)

Bueno, estoy al fin aquí para contarte lo que vi en la ciudad, capital del reino.

Rey

Te escucho con gusto, hijo mío.

Omar

Los grandes del reino me llevaron a visitar las fortalezas que rodean la ciudad. Después fuimos al muelle, donde de un barco descargaron las más ricas telas que puedas imaginar, y las más bellas joyas traídas de lejanas tierras. Recibí muchos regalos para ti y para mis hermanos.

Rey
(bosteza)

Bien, bien, Omar, me alegro de que estés contento. Ahora ve a descansar y no olvides decirle a tu hermano menor que venga mañana temprano para ayudarme a vestir.

Omar

Está bien, padre mío. Que descanses. (Hace una reverencia y se va.)

El rey se recuesta y ronca. Atraviesa la escena un niño llevando la luna. Otro niño asoma al sol. Entra Asad, el hijo menor del rey, de puntitas. Se sienta junto al rey que, al cabo de un momentito, despierta.

Rey

Veo que madrugaste, mi querido Asad. Me hubieras despertado.

Asad

¿En qué puedo servirte, padre mío?

Rey

Estoy ya tan viejo, que necesito ayuda para vestirme.

Asad

Es un gusto para mí ayudarte. ¿Qué traje quieres ponerte hoy? (Saca un papel y un lápiz para apuntar todas las órdenes.)

Rey

Hoy me gustaría usar el traje rojo con adornos dorados.

Asad

¿Y qué turbante quieres?, ¿qué zapatos?

Rey

Pues el turbante blanco con rayitas azules y las calzas verdes.

Asad

¿Qué caballo escogerás para tu paseo por la ciudad?

Rey

El negro venido de Arabia que me regaló mi hermano.

Asad

(Llama con las palmas de las manos.) ¡Ayuda de cámara! (Entra el ayuda de cámara.) Ten la amabilidad de traer toda la ropa del rey mi padre tal como está apuntado en esta lista (le entrega el papel) y que nadie se equivoque. (Sale el ayuda de cámara y reaparece con la ropa. Se oye un relincho. Asad viste al rey.)

Asad

Yo mismo vestiré a mi padre. (Al ayuda de cámara.) Puedes retirarte. (Acaba de vestir al rey.) Padre mío, estás listo para salir. El caballo espera en el patio. (Relincho.)

Rey

He decidido que visites tú la ciudad en mi lugar, porque yo prefiero pasear un poco por los jardines del alcázar.

Asad

Lo haré con gusto, padre mío.

Hace una reverencia y se va. El rey sale detrás de Asad. Atraviesa la escena el niño que lleva el sol. El rey entra a escena y se sienta en el estrado. Tocan a la puerta.

Rey

Adelante, hijo mío.

Entra Asad muy cansado y se sienta junto al rey en el taburete después de saludarlo. Está vestido como un mendigo.

Rey

Te veo muy cansado y, además, ¿por qué andas vestido de ese modo?

Asad

Estoy cansadísimo de tanto caminar.

Rey

¿Qué? ¿No usaste mi caballo negro?

Asad

No, querido padre, quise ir a pie y vestido como el más humilde de tus criados. Así nadie me reconoció y pude meterme por todas partes. Abrí los ojos y los oídos: hablé con mendigos, artesanos, vendedores y..., estoy muy triste

Rey

Anda cuenta, Asad, sigue contando.

Asad

Estoy triste porque tu reino es menos feliz de lo que parece: el que trabaja más es el que menos tiene. Vi gente sin oficio vagando por las calles.

Rey

Sigue tu relato, Asad.

Asad

Supe que los grandes del reino acumulan en sus graneros el trigo de todo el año, para venderlo más caro en el invierno..., y...

Rey

¡Basta, hijo mío, basta! Ya sabía yo todo eso, pero estoy demasiado viejo y poco puedo hacer. Tú eres joven y sabrás gobernar porque estás dispuesto a servir. Tú serás mi sucesor.

Reinarás desde mañana para que yo pueda morir tranquilo. (Se abrazan.)

Telón