ADIVINANZAS DE LA CIUDAD Y LA CALLE

 

 


Me llegan las cartas 
y no sé leer
y, aunque me las trago,
no mancho el papel.
(El buzón)
Todos me pisan a mí, 
pero yo no piso a nadie; 
todos preguntan por mí, 
yo no pregunto por nadie. 

(La calle)

Un bulto veo venir,
sus pasos no hay quien los cuente,
y, cuando se acerca a mí,
meto mi cuerpo en su vientre.

(El coche)
Zapatos de goma,
ojos de cristal,
con una manguera 
lo alimentarás,
dentro del garaje
lo sueles guardar.
(El coche)

Le hacen correr sus caballos
y nunca le salen callos.
(El coche)
Vivo entre dos muros 
que no pueden verse
y aunque no me doblo 
me dobla la gente.
(La esquina)

Venden pastillas y jarabes
para curarte de todos los males.
(La farmacia)
Alta y delgada,
cabeza brillante,
ilumina de noche
a los caminantes.
(La farola)

Por caminitos de hierro,
el gusano de metal,
en su barriga transporta
la gente por la ciudad,
llevándola por un túnel
en completa oscuridad.
(El "metro")
Mido telas y estaturas,
pero, a veces, en ciudades,
sin humos y sin candelas,
llevo gente en cantidades.
(El "metro")

Con sólo tres colores
ordeno a cada uno.
Si todos me respetan
no habrá accidente alguno.
(El semáforo)
Ciudadano muy mirado,
moderno camaleón,
subido en tu árbol,
cambias de color.
(El semáforo)

El que la tenga que la atienda 
y si no lo mejor es que la venda.
(La tienda)
Lugar de compra, 
lugar de venta,
donde cada ama de casa 
hace su cuenta.
(La tienda)

Tengo muchos pares, 
te los puedes probar,
pero si te los llevas, 
tendrás que pagar.
(La zapatería)

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