El
Virus
Autor: Bernardino Anguiano García (NINO)
El Virus
Muchos años después del año 2000 d.c.
...
Orcenix nadaba alegre cerca de una hermosa
playa al lado de su hijo, a lo lejos se veía la verde vegetación de la isla
que habían escogido para pasear. Su pareja y sus otros hijos se habían quedado
en el cálido hogar familiar, solo él y su hijo pequeño habían decidido dar
ese paseo.
Orcenix miraba orgulloso como su pequeño
hijo nadaba tranquilamente y con gran maestría a su lado. Desde los primero
meses de nacido lo había enseñado, según él, esa era la edad propicia para
aprender a nadar... Y ahora a los cinco años, lo hacía estupendamente.
-Padre –Dice el pequeño- siempre ha sido
este planeta tan hermoso como ahora.
-No, no siempre fue así... Hace mucho,
pero mucho tiempo, este planeta estuvo en peligro de muerte.
-Padre, cuéntame la historia de como nos
salvamos de morir, de cómo se salvo el planeta en que vivimos.
-Pero hijo –Contesta Orcenix poco
convencido a satisfacer los deseos de su hijo-, ya te la he contado muchas
veces.
-Vamos padre –Insistía el pequeño-, me
gusta mucho como la cuentas.
Siempre era lo mismo, a Clink el hijo más
chico de Orcenix, le encantaba la vieja historia, y le insistía a su padre a
que se la contase una y otra vez, no había pretexto que lo convenciera para
desistir de su deseo de escucharla, así fuesen mil veces, para Clink siempre
eran pocas. Su Padre lo sabía, así que, decidió satisfacer los locos deseos
de su hijo.
-No sé para que quieres que te la cuente,
si ya te la sabes de memoria; pero si tanto insistes, he aquí las palabras que
uno de mis antepasados le dijo a su hijo, y éste se la dijo a su hijo, y así
sucesivamente hasta que mi padre me las dijo a mí y ahora yo te las digo: En
aquella época, el hombre conquistó la galaxia, los viajes a los diferentes
planetas del sistema solar eran rutinarios... Pero el costo fue muy elevado.
Nuestro planeta quedo devastado. Contaminación, radiación, miles de especies
extintas y basura, millones de toneladas de basura; y con todo esto llegaron
enfermedades nuevas y desconocidas y también hubo una gran escasez de
alimentos...
-¿En los océanos también hubo escasez de
alimentos? –Interrumpió Clink-.
-Así es. –Contestó pacientemente
Orcenix-. En todo el planeta faltó alimento, además de estar convertido en un
inmenso deposito de chatarra, desperdicio y basura. Pero eso no fue lo peor, los
hombres de aquellos tiempos, instalaron bases en otros planetas del sistema de
nuestro sol, y en ellos también crearon inmensos contenedores de basura... ¿Te
imaginas?, después de casi destruir este planeta empezaban a echar a perder los
demás... ¡No habían aprendido la lección! Y volvían a cometer los mismos
errores.
-Pero padre, dime como se limpió este
planeta, y como volvió a florecer la flora y la fauna.
-Hijo, no seas impaciente, ¡Si ya lo
sabes!, ¿porqué me interrumpes?... Como te decía, el planeta era un caos, las
enfermedades mataron muchos hombres, pero no solo los humanos las sufrían, sino
todas las especies; estas enfermedades eran causadas por la gran cantidad de
virus desconocidos que se desarrollaron... Tiempo después llegó un mensaje de
otra galaxia cercana, este mensaje causó un gran alboroto...
-¿Porqué causó tanto alboroto?
-Porque uno de los principales objetivos de
los hombres de aquellos tiempos, era encontrar vida inteligente en otro planeta
que no fuera el nuestro... ¿Me dejas continuar?
-Perdón, padre.
-Los grandes científicos descifraron el
mensaje y decía: “Habitantes de inteligencia superior del tercer planeta del
sistema solar, no decaiga su ánimo y esperanza, pronto los sanaremos del mal
que les aqueja, eliminaremos los mortales virus que los atormentan, y
limpiaremos de impurezas su bello planeta, espérenos. Somos sus cohabitantes
universales, seres del quinto planeta de la galaxia de Andrómeda. Las paz del
universo sea con ustedes”. Se pusieron muy contentos de descubrir vida fuera
de este planeta y esperaban impacientes a los nuevos visitantes para que les
ayudaran a solucionar sus errores.
-Padre, ¿estos seres de la galaxia Andrómeda
fueron los que nos salvaron de los virus?.
-Así fue –Contestó pacientemente
Orcenix, sabiendo que su hijo ya conocía la respuesta-. Como te decía los
hombres de aquella época esperaron a los extraños visitantes... Cuando
llegaron... Jamás imaginaron que serían exterminados... Primero destruyeron
sus bases en los otros planetas del sistema de nuestro sol... Para cuando los
antiguos humanos quisieron reaccionar, fue demasiado tarde... Las naves de los
seres atacaron a los humanos y los exterminaron.
-¿En realidad eran muy malos los hombres
de aquella época?.
-¡No te imaginas cuánto!... Por poco y
destruyen este planeta.
-¿Y eran muy poderosos?
-¡Mucho!
-¿Y porqué los destruyeron tan fácilmente?
-Por orgullosos, ellos siempre pensaron que
eran los únicos seres inteligentes... Nunca pensaron que el mensaje iba
dirigido hacía todos los habitantes de este planeta, pero no hacia ellos... Una
vez exterminados, los seres de la galaxia de Andrómeda, restituyeron de vida al
planeta y nos lo dejaron encargado... El virus mortal del tercer planeta de
nuestro sistema solar fue la raza humana... Pero gracias a nuestros cohabitantes
universales fueron eliminados... Ahora regresemos, que tu madre nos espera en
nuestro hogar.
Orcenix nadó hacia mar adentro, lanzando
un potente chorro de agua por su espalda... Clink, la pequeña ballena, hijo de
Orcenix, nadó orgulloso atrás de su padre.
FIN