LA
SIRENA QUE LE DEVOLVIÓ SUS SUEÑOS
(incluye poesía de Mario Benedetti)
Escrito por Lucre Arrías
LA SIRENA QUE LE DEVOLVIÓ SUS SUEÑOS
La brisa golpeaba su cara. La noche era
oscura pero diáfana. El murmullo del mar rompiendo en las piedras lo acompañaba.
Sentado en la arena, pensaba en su vida.
Había buscado un lugar tranquilo, que le infundiera paz. Eso era lo que
necesitaba. últimamente su paz se había visto alterada por las circunstancias.
Necesitaba pensar.
Las horas transcurrían en un vaivén de
pensamientos perdidos en la nada. Sus ojos estaban clavados en el bamboleo rítmico
de las olas.
Una suave música comenzó a llegar a sus oídos.
Se sentía como en un ensueño. La melodía lo relajaba, más y más.... más...
De repente un resplandor iluminó el fondo
del mar.
Su mente se puso en alerta, no atinó a
levantarse, no podía, una tranquilidad fantasmal lo invadía. Sólo fijó sus
ojos en la luz. El agua se movía, provocando un burbujeo cada vez más grande.
La luminosidad creció de golpe hasta cegarlo un instante. Una figura emergía
lentamente...
Creció, cada vez más nítida. Se acercaba
a él.
Intentó levantar sus brazos para taparse
de la luz y distinguir algo, pero no pudo. No le importó, se dejó estar....
Se sentó a su lado, al tiempo que la luz
cesó, pero no la melodía. Le sonrío y le dijo:
- Hola, soy la guardiana de esta playa. Te
he visto, aquí desde hace horas. He percibido tu estado de ánimo, solo,
pensativo. No sé, creo que necesitas algo de ayuda. Se percibe tu tristeza
desde lejos. Así que he decidido romper las normas, aquí estoy.
Él la miraba extasiado. Su belleza no era
real. Su sonrisa era tierna, su pelo suave y brillante... Infundia tanta paz. Lo
único que atinó a hacer, fue devolverle el saludo.
- Hola soy...
Ella posó sus dedos sobre su boca, impidiéndole
que siguiera. Y dijo
- Sé quién eres, No hace falta que me
digas nadas
- Cómo lo sabes...
- No te has dado cuenta, soy una sirena,
nosotras sabemos y podemos hacer muchas cosas que para ti no son normales... Por
eso he decidido regalarte un sueño a ver si te animas un poco. Hace muchos años
que no lo hago, me gustaría hacerlo ahora. Así que piensa, tienes la
oportunidad de hacer lo que quieras...
- ¿Lo que quiera? - preguntó él, y automáticamente
se le ilumino la cara con picardía...
- Sí, lo que quieras menos eso. Con las
sirenas no se puede, sino nos convertimos en mortales, y no es mi intención.
Todos pensáis lo mismo... se original... Y se echó a reír.
Su risa era suave, rítmica... e invitaba a
seguirla...
- Bueno, lo intenté, y río con ella.
- Qué te gustaría, piensa... en algún
sueño.
- Soñar algo, no me vendría mal. Hace
mucho tiempo que no lo hago, creo que los he perdido, no sé cuando, pero se han
ido.
- Si eso es tarea de los duendes de la
noche. Los squibs, se dedican a meterse en los sueños de la gente y los roban.
Esto es peor de lo que suponía, bueno sígueme,
ven conmigo, vamos a buscar tus sueños... a ver si podemos salvar alguno antes
que los maten definitivamente.
Lo cogió de la mano, se levantaron al unísono,
y la playa desapareció.
Se sumieron en la oscuridad. No sentía
miedo, el contacto con su mano lo apagaba.
- ¿Dónde estamos?
- Este es el territorio donde van los sueños
perdidos, ya comenzarás a ver. Necesitas unos minutos para adaptarte.
De repente, luces de colores hicieron su
aparición. Melodías de canciones mezcladas, paisajes de montañas con
desiertos, agua de lagos con mares, playas de arena clara con árboles
centenarios. Era una visión mágica. Todo se mezclaba sin sentido. Los colores,
las sensaciones se superponían deliciosamente. Era un espectáculo maravilloso.
Sus ojos se movían de un lado hacia otro,
descubriendo detalles conocidos. Pero no eran los mismos, algo distinto tenían
a los que él recordaba.
- Estamos en la zona que lleva tu nombre.
Todo lo que ves fueron, son o serán tus sueños.
- ¿Todo esto mis sueños? Pero está todo
patas para arriba.
- Eso es porque el squib que te los ha
robado, los está destruyendo. Para hacerlo debe imprimir primero el desorden, y
así las cosas antagónicas, se destruyen unas a otras. Y creo que sé quien ha
sido. Conozco muy bien este método. Esto es obra de Metska. Todo lleva su
sello. Sé donde encontrarlo.
Las imágenes se detuvieron. Apareció una
puerta, la abrieron y comenzaron a subir la escalera de caracol. Cuando llegaron
arriba, ahí estaba Metzka, jugando con su ordenador, riéndose a carcajadas de
lo que hacía.
- Metzka, hola tanto tiempo. - Dijo la
sirena.
El squib se dio vuelta, sorprendido.
- Pero bueno, ¿qué tenemos aquí?. Hace
mucho tiempo que no te veía. Si has venido es porque quieres algo, qué. -
Preguntó.
- Hemos venido para que le devuelvas a él
sus sueños, los necesita. Sin ellos no es nada.
- Ja, Ja,... sus sueños. Yo se los saque
porque él los abandonó, me los entregó por sí mismo. Al perder la fantasía,
perdió sus sueños, sin darse cuenta. Y lo que se abandona es del que lo
encuentra.
- Bueno pero tú sabes, que no puedes ir
por ahí cogiendo todo lo que encuentras. Los sueños de la gente son
importantes. Mira el resultado de tu acción. Está perdido, sin ganas de nada,
no encuentra sentido a las cosas, le hacen falta.
Venga, me debes un favor. Si se los das,
quedamos a mano.
Metzka se quedó pensativo. No sabía que
contestarle. Era verdad que le debía un favor. Le había ayudado en el pasado,
y las deudas de honor se debían pagar. Muy a su pesar se los tendría que
devolver.
- Esta bien, me llevara tiempo arreglar lo
que he hecho. Pero te lo debo a ti. Tendré que estar en el ordenador mucho
tiempo. Pero es un pacto. En unos días de su tiempo los habrá recuperado. Eso
sí, si los vuelve a abandonar, los destruiré definitivamente. Y se quedará
eternamente vacío.
La sirena se acercó al squib, le dio un
beso en la frente diciendo.
- Metzka, no eres tan malo como quieres
mostrar que eres.
Se ruborizo, pero escondiendo su instante
de debilidad, comentó.
- Escucha hombre, yo amplio mi vida
consumiendo los sueños que la gente abandona, esta ves te salvas, pero no habrá
próxima. Ya sé dónde encontrarlos.
Él no podía hablar, no le salía nada,
solo atinaba a mover la cabeza como signo de afirmación. Todo esto era
demasiado irreal para él. Si no hubiera sentido la mano de la sirena sobre la
suya, se hubiera perdido.
- Adiós, Metzka, nos veremos
- La próxima vez, no será así. Mi deuda
está pagada. Pero si me quieres visitar sabes donde encontrarme.
Volvieron a la playa. Ya el sol salía por
el horizonte. La claridad lo invadía todo.
- Bueno me voy. Dentro de unos días habrás
recuperado tus sueños. Haz buen uso de ellos. Vuelve a ponerlos en marcha. ¿Me
lo prometes?.
- Sí, trataré.
- Adiós, y cambia esa cara, sonríe que
los has recuperado, siempre recuerda eso que decía alguien...
"When you are smiling
ocurre que tu sonrisa es la sobreviviente
la estela que en ti dejó el futuro
la memoria del horror y la esperanza
la huella de tus pasos en el mar
el sabor de la piel y su tristeza
When you are smiling
the whole world
que también vela por su amargura
smiles with you."
Se alejó lentamente, la misma melodía que
la trajo la acompañaba.
- Espera, no sé como te llamas. Dime cuál
es tu nombre.
Ella se dio la vuelta, sonrío y dijo
Pensé que lo sabias. Me llamo Magia...
Le guiñó el ojo, y se sumergió en el
mar...
FIN