Un regalo del cielo
Aquella
mañana de Sábado Carlos se levantó temprano, su padre le había prometido ir
a comprarle una cometa y estaba emocionado, llevaba tiempo soñando con ir al
parque Juan Carlos I a volarla como hacían los mayores.
Eran las 7 y normalmente no había nadie levantado a esas horas, pero aquel día
no era así, escuchó murmullos que venían de la cocina y se acercó a ver
quien se le podía haber adelantado.
Papá y mamá estaban en la cocina, agachados alrededor de la mesa, y parecía
que contemplaban algo.
· ¿ Qué pasa mamá...? - preguntó Carlos inocentemente.
· Nada cariño, vuelve a la cama - intentó disuadirle su madre.
· ¿ Qué estáis mirando....? - insistió el pequeño ya con tono de
preocupación al observar que su perro estaba allí tapadito con una manta.
· Se trata de Trosky hijo, hace un rato le hemos oído quejarse y nos hemos
levantado para ver que le pasaba.
|
·
¡ Seguro que quiere ir a la calle a hacer pis o algo parecido! - dijo
Carlos convencido de que su amigo intentaba adelantar la hora del paseo
matutino. |
· ¡
Quiero ir con ellos! - insistió el niño.
· - Es mejor que no vayas - intervino por fin su padre, que parecía estar muy
afectado por la situación - yo iré en un momentito para que le den alguna
medicina.
- No puedo dejarle solo, soy su mejor amigo y quiero estar con él.
· Deberías hacer caso a papá, nosotros nos iremos a comprar la cometa, y
cuando volvamos ya estarán aquí los dos y el susto habrá pasado.
Carlos insistió, pero sus padres lograron convencerle de que papá debía ir
solo al veterinario.
Trosky se encontraba muy mal, respiraba con dificultad y parecía haber perdido
las fuerzas, ni siquiera era capaz de levantarse; papá lo envolvió en la
manta, lo cogió en brazos y se lo llevó.
El pequeño le dio un beso y le despidió diciendo:
· ¡ Hasta luego viejo amigo!, tomate todo lo que te digan que mañana tenemos
que ir al parque juntos y volar mi cometa.
Trosky era un cocker dorado precioso, con sus largas orejas y su cara de bonachón,
llevaba en la familia 13 años y había sido la alegría de todos, además del
mejor amigo y compañero desde que nació Carlos hacía 6 años.
El niño se quedó llorando, a pesar de los ánimos que le intentaba infundir su
madre el casi presentía que algo no iba a salir bien.
Papá se marchó a las 7:30 y se escuchó el ruido de las llaves en la puerta
cuando aún no eran las 9; había tardado muy poco.
|
Carlos
salió corriendo hacia la puerta, y cuando vio que su padre no traía a
Trosky, se quedó parado en seco y preguntó: |
·
¿ Se ha muerto......? - preguntó de nuevo el niño con cara de sorpresa y
dolor a la vez.
· Lo siento cariño, pero era su hora de marcharse, ya era muy viejo.
· ¡ Eso no es verdad! - protestó Carlos enfadado y con los ajos anegados en lágrimas
- solo tenía 6 años como yo.
· No cariño - intentó consolarle su madre - Trosky llevaba ya muchos años
con nosotros cuando tu naciste.
· ¡ Me da igual ¡ - balbuceó el pequeño sin alcanzar a comprender.
Carlos dio media vuelta y se marchó corriendo y llorando a su habitación; cogió
una foto de su amigo y se tumbó en la cama.
· ¿ Cómo has podido marcharte así Trosky, eres mi mejor amigo y te quiero
mucho.....? - decía el niño como si la foto fuera el fiel reflejo de su viejo
compañero al que había tenido a su lado hasta la noche anterior.
Su madre pensó que era mejor dejarle un rato solo, y al cabo de media hora se
acercó a verle con un vaso de leche con cacao en la mano y le dijo:
· ¡ Hola cariño!, ¿ cómo estás?.
· ¡ Me siento muy mal mamá! Es como si me doliera aquí, en el pecho, y no
puedo dejar de llorar, no sé donde está Trosky y le echo de menos.
· Lo comprendo hijo, a mí también me duele como a ti, y te diré que eso es
el corazón; querías tanto a tu perro que ahora que no está es como si te
hubieran arrancado un pedacito, pero no debes preocuparte, lo que nos ocurre es
normal, se llama cariño.
· ¿ Y a dónde se ha marchado mamá?, si no está con nosotros - preguntó
Carlos desesperadamente intentando buscar una respuesta que le hiciera al menos
sentirse mejor.
|
·
En el cielo cariño - respondió su madre cariñosamente -. |
·
¡ Eso espero! - terminó diciendo el niño tristemente .
Carlos pasó el fin de semana pensando en su amigo, no tenía ganas de jugar, ni
de comer, aunque decidió que debía hacerlo para no ponerse enfermo, y por
supuesto no tuvo ninguna gana de ir a comprar la cometa con la que tan
ilusionado estaba.
Sus padres intentaban consolarle, pero no podían hacer nada, tan solo esperar a
que con el tiempo Trosky se convirtiera en un recuerdo, incluso pensaron en
comprar otro cachorro que hiciera al niño volver a sonreír al tener un nuevo
amigo, pero decidieron que ningún otro perrito sería capaz de reemplazar a su
amigo.
El siguiente sábado por la mañana, Carlos seguía triste, aunque poco a poco
se iba acostumbrando a la ausencia de su perro, y salieron de comprar a un gran
almacén.
|
Casualmente
pasaron por el departamento de cometas y su padre le animó a que
eligiera la que mas le gustaba. |
Tras
seguir las instrucciones de montaje con sumo cuidado, la cometa estaba lista
para echar a volar, y así lo hicieron, primero papá la probó y después fue
Carlos quien tomó el mando.
· ¡ Vamos hijo! - decía animosamente su papá - suéltala y déjala volar.
· ¡ Mira como sube ! - decía Carlos sonriendo por fin.
Sus padres se miraron con satisfacción, tan solo era una cometa, pero al menos
veían sonreír a su hijo después de una semana.
La brisa llevaba la cometa de un lado para otro en lo alto del cielo azul; hacía
una tarde espléndida que invitaba a disfrutar de la naturaleza, y así lo
hicieron, Carlos se puso una gorra para protegerse del sol y sus padres se
sentaron debajo de un olmo a tomar un refresco.
Viendo como volaba la cometa, Carlos se sentó en la hierba a contemplarla,
miraba al cielo, del que le había hablado su madre el sábado anterior y empezó
a recordar a su viejo amigo; seguramente le estaría viendo jugar desde lo mas
alto.
De
repente, llevado por la cegadora luz del sol, creyó ver algo en el cielo, un pájaro
o un avión que volaba muy alto, Carlos se bajó un poco la visera de la gorra
para poder verlo mejor, y divisó algo que no le pareció ser real, alguien le
saludaba desde lo lejos y le llamaba por su nombre.
· ¡ Hola Carlos! , ¿ cómo estás?.
· ¡ Hola! - saludo el niño tímidamente - ¿ quién eres?
· No te asustes, soy un angel.
· ¿ Un angel del cielo..... un angel de verdad?
· ¡ Pues claro! - afirmó - ¿ sorprendido....?
|
·
Creí que solo se podían ver cuando te mueres y vas al cielo. |
· ¿ Está
el aquí contigo..... estoy yo en el cielo?
· Tu no estás en el cielo pequeño, tan solo estás sentado en la hierba de un
parque y sin darte cuenta has dejado volar tu imaginación.
· Pero si tu vives en el cielo.......!
· Los ángeles podemos llegar hasta la imaginación de las personas bondadosas
y tu eres una de ellas; ahora deja de hacer preguntas y acompáñame.
· ¿ Al cielo...?
· No Carlos, no te preocupes, dentro de un rato te irás a tu casa con tus
padres y tan solo recordarás que algo maravilloso ha pasado por tu cabeza.
Ahora cierra fuerte los ojos.
Carlos estaba tan sorprendido que no se atrevió a preguntar mas e hizo lo que
el ángel le decía, cerró los ojos con fuerza y sintió que la brisa se
convertía en un viento débil que rozaba su cara y su cuerpo suavemente.
· ¡ Ya
puedes abrir los ojos! - escuchó decir al ángel.
Carlos no lo podía creer, no sabía como, y tampoco estaba interesado en
descubrirlo, pero cuando miró, se encontró en un maravilloso jardín lleno de
árboles y praderas de hierba inmensas con fuentes y pequeños lagos, bancos de
madera de tonos pasteles y caminos de guijarros de colores marrones claros, era
como los cuadros que había visto en el museo cuando fue de excursión con el
colegio, había pajarillos revoloteando por todas partes, mariposas de mil
colores, ardilla trepando en los árboles, topos que asomaban en la hierba,
pequeñas cascadas que relucían con el reflejo del arco iris, y paseando por
todo el jardín, vio varios gatos, perros, conejos, hámster, ponys, patos y por
supuesto ángeles.
· ¡ Esto es maravilloso! - exclamó Carlos.
· ¡ Hola ! - saludó una voz a su espalda.
El niño se dio la vuelta y encontró a quien buscaba.
· ¡ Trosky, Trosky! - decía entre lágrimas - ¡ te echaba mucho de menos!
· Yo también a ti Carlos, y le pedí a mi amigo Federico que me diera la
oportunidad de despedirme de ti.
· ¿ Puedes hablar.... es increíble !
· Aquí las cosas son muy diferentes, todo es alegría, bondad y no existen las
penas, cuando llegas estás un poco triste, recuerda que yo también me quedé
solo, pero todos estos amigos me han hecho que me sienta muy feliz.
· ¡ Entonces no puedes volver conmigo ! - afirmó el niño adivinando que tan
solo estaba de visita.
· ¡ No!, tan solo quería verte para decirte que fui muy feliz a tu lado y que
te doy las gracias por cuidarme y quererme cada día, pero cada uno tiene su
tiempo de nacer, crecer, y después llegar hasta aquí.
· ¿ Yo también vendré aquí algún día?
· Probablemente, pero para eso falta mucho tiempo, algún día nos
encontraremos y no volveremos a separarnos jamás, pero ahora quiero que
entiendas que tu sitio está en el mundo real, con tus padres, tus amigos, tu
familia y que tienes muchas cosas por hacer y mucha gente a la que hacer feliz.
· Ya lo sé Trosky, pero me dio tanta pena que te marcharas que....
· Lo sé, pero piensa que ahí abajo, tienes una larga vida por delante y que
no debes estar triste porque con ello solo consigues preocupar a los demás;
piensa que yo aquí soy muy feliz y que aunque te recordaré siempre, quiero que
tu también seas feliz. Guardame con cariño en tu recuerdo y en tu corazón,
con todo el cariño que me diste cuando estábamos juntos, ese es el mejor
regalo que me puedes dar, y prométeme que serás capaz de ofrecer ese mismo
cariño a quien te lo pida o lo pueda necesitar.
· Te lo prometo Trosky - contestó el niño
|
·
¡ Ahora juguemos con tu cometa ! - insistió el perro. |
·
¡ Esperad ahí ! - ordenó el niño - ahora mismo la traigo de nuevo.
Pero cuando se volvió a sonreír a sus amigos, tan solo pudo ver a Trosky que
le decía adiós con una de sus patas, alejándose poco a poco, y desapareciendo
el maravilloso jardín que había acogido su encuentro.
Carlos comprendió entonces que el sueño, la imaginación o lo que hubiera sido
aquello, había terminado, no volvería a ver a su amigo, pero estaba contento
por todas las cosas que le había dicho.
Volvía a estar en el parque, sus padres continuaban debajo del árbol, se le
había caído la gorra y la cometa también se le había escapado, como cuando
estaba con sus amigos.
Corrió a rescatarla, tuvo que bajar una pequeña pendiente que iba a parar a un
arroyuelo muy pequeño detrás de unos setos, la cometa había finalizado su caída
allí; estaba mojada y sucia y Carlos se enfadó, el primer día y ya parecía
un jersey recién salido de la lavadora. ¡ Menudo plan !, no le había durado
ni dos horas.
Bueno, ya le comprarían otra, ahora quería volver junto a sus padres y
decirles que ya no estaba tan triste y que le gustaría que para su cumpleaños
le regalaran otro perrito; pero cuando se iba a marchar escuchó un pequeño
ruidito tras el.
· ¿ Hay alguien ahí? - preguntó expectante, se había alejado mucho y sintió
un poco de miedo.
· Ummmmm! Ummmmm! - se escuchó un leve gemido.
Carlos estaba dispuesto a echar a correr, pero antes de que se pusiera en
marcha, un pequeño cachorrito de color marrón y rabito enroscado, apareció de
detrás de un gran seto.
· ¡ Chiquitín...ven - dijo Carlos al pequeño animalito que se le acercaba
temeroso - no te haré daño.
El perrito se acercó despacio, estaba algo sucio y parecía tener hambre y frío,
Carlos lo abrazó y le dio calor y besos por todas partes.
· ¿ Te has perdido ?, ¿ está tu dueño por aquí ?.... - preguntaba el niño
con lágrimas en los ojos.
Al ver que Carlos no estaba volando su cometa, sus padres se acercaron a
buscarle y le encontraron abrazado al pequeño cachorrito.
También un guarda del parque se acercó al pensar que el niño se había caído
y estaba herido y necesitaba ayuda.
· ¿ Cariño estás bien ? - preguntó su madre.
· Sí mami - contestó Carlos emocionado - y mira lo que me he encontrado.
· ¡ OH Dios mío ! pero si es un cachorrito - gritó emocionada su madre - ¿
de quién es....? - quiso saber.
No creo que sea de nadie,- interrumpió el guarda -, hace un par de días que
vaga por aquí, seguramente algún desaprensivo lo habrá abandonado, había
pensado llamar al ayuntamiento para que vinieran a recogerlo.
· No hará falta - dijo el padre de Carlos - ya tiene un lugar a donde ir, nos
lo llevamos a casa con nosotros.
· ¿ De verdad papá... de verdad mamá....? - lloraba, reía y saltaba Carlos
al oírlo.
· Claro que de verdad hijo, tan solo tienes que pensar en un nombre para
ponerle, porque tendrás que enseñarle muchas cosas.
· ¡ Trosky papá, se llamará Trosky ! - afirmó Carlos con pleno
convencimiento.
· Muy bien, dijo su madre, y ahora vamos a casa, que a este pequeñajo le hace
falta un buen baño, una buena comida y mucho cariño.
· Gracias papá, gracias mamá - decía Carlos que aún lloraba de emoción -
no os parece como si esto fuera un regalo del cielo.