LA PRINCESA QUE NO PODÍA LLORAR

Autora:Silvia Mª Moreno Hernández

 

En un reino remoto nació una princesa. No era un reino como los demás. Los reinos de las leyendas siempre están llenos de árboles, simpáticas criaturas, magia, fornidos príncipes que rinden pleitesía a la belleza… Y, paradójicamente, esas princesas nacidas en tan hermosos reinos siempre están tristes: la gente las envidia, los problemas las acosan, son víctimas de nefastos acontecimientos que ellas no pueden controlar… al final, suele surgir un hada de la suerte que las ampara ya que, pese a su escasa capacidad de resolución, las tristes princesitas alcanzan lo que las demás mujeres apenas llegan a rozar con las yemas de los dedos: la felicidad.

 

Pero éste no era el caso de la princesa de la que os quiero hablar. Para empezar, su reino era gris como la piedra: sin árboles; sin magia; sin simpáticas criaturas; sin príncipes cercanos que la adularan… incluso sin espejos. Nuestra princesa jamás se había contemplado en un espejo; carecía de cualquier noción acerca de la belleza o la fealdad. Tampoco era consciente de su rango puesto que los numerosos ataques que había sufrido su reino habían dejado a su familia sin súbditos. Esta princesa no estaba acostumbrada ni a dar órdenes ni a recibirlas. Nunca una queja había alterado el rictus de sus labios… sólo conocía la risa. La descubrió siendo un bebé y, reconfortada por el agradable gorjeo, la siguió repitiendo y disfrutando hasta la edad adulta.

 

Otro fenómeno que desconocía era el del llanto. La princesa no podía llorar. A sus padres no les preocupó, al contrario, llegaron a la conclusión de que habían sido capaces de resguardarla del dolor; su corazón estaba limpio de temores y heridas…

 

Pero había un problema; el primer problema de su vida. Se hacía necesario que perpetuara la continuidad de la corona. La princesa necesitaba un marido y era imposible encontrarlo en aquellas tierras gastadas… así, con un sencillo vestido y montada en un regio caballo, la enviaron sin protección alguna ni equipaje con una misión: “Busca un hombre y tráelo contigo”.

 

La princesa partió.

Continúa...