EL PEQUEÑO CACHORRITO

 

 

Bueno, no parece un cachorro muy pequeño, ¿verdad? Pero es que, sabes, Alicia había vuelto a menguar mucho, y por eso el Cachorrito parece tan grande. En cuanto Alicia comió uno de aquellos pasteles mágicos, que encontró en casa del Conejo Blanco, inmediatamente volvió a ser pequeña y pudo pasar por la puerta; de otro modo no hubiera podido salir de la casa jamás. ¡Eso sí que hubiera sido una pena! Porque entonces no hubiera podido soñar todas las cosas maravillosas que vamos a leer ahora.

De manera que, ya sabes que, sí realmente era un Cachorrito pequeño. ¿Y verdad que es monísimo? ¡Fíjate cómo ladra al palito que le está enseñando Alicia! Se nota que ella le tenía un poquito de miedo, porque se ha colocado detrás de ese gran cardo para que no pueda arrollarla. ¡Eso sería para ella, igual de terrible que si a ti te atropella un carro con cuatro caballos!

¿Tienes un pequeño cachorrito en tu casa? Si lo tienes, espero que lo tratarás siempre con cariño y le darás de comer cosas ricas.

Hace algún tiempo conocí unos niños aproximadamente de tu misma edad; y tenían perrito que se llamaba Dash. Y me contaron la siguiente historia sobre el convite de cumpleaños de Dash.

«Sabes, un día nos acordamos que era el cumpleaños de Dash precisamente ese día. Dijimos «¡Vamos a convidar a Dash a comer algo rico, igual que cuando cumplimos años nosotros!» Y pensamos y pensamos. «Vamos a ver, ¿qué es lo que más nos apetece en nuestro cumpleaños?» Y continuamos pensando y pensando. Y por fin todos dijimos a la vez «¡Pero hombre, natillas, claro!» Y naturalmente creímos que a Dash le gustaría mucho también.

«Se lo dijimos a la cocinera y nos hizo un plato de natillas riquísimas. Y entonces llamamos a Dash, le hicimos entrar en casa y le dijimos «¡Vas a ver, Dash, ahora viene tu convite de cumpleaños!» Pensábamos que daría saltos de alegría; ¡pero no hizo nada de nada!.

«Le pusimos el plato delante y le dijimos «¡Ahora, Dash, no seas ansioso! ¡Cómelo con calma, como un buen perro!.

«Dash lo probó con la punta de la lengua, y entonces ¡puso una cara tan horrible! ¡Y le pareció tan malo que se negó a comer ni un poquito más! ¡Así que tuvimos que metérselo por la garganta con una cuchara!».

¿Le dará natillas Alicia a este cachorrito? Yo no creo que pueda, porque no las tiene. Yo no veo ningún plato en el dibujo.

 

Lewis Carroll - Inglaterra