La
Princesa y los Nidos
Hubo una vez una linda Princesita que vivía
junto a un gran bosque, pues su viejo padre era un noble venido a menos por los
azares de la guerra.
La Princesita era el orgullo y la felicidad
mayor de este anciano que caminaba cojo, pues había recibido una grave herida
en las guerras. Afortunadamente estaba viva la madre de la niña, y tenía un
hermano mayor que la adoraba y que prometía mucho para el futuro de la familia,
pues no cabía duda que era valiente y emprendedor.
Toquilla, que era como se llamaba nuesta
Princesita, quería mucho a su Padre, Madre y Hermano, la niña era amable,
servicial y obediente con ellos. Pero sobre todo Toquilla amaba a los animales y
recogía los nidos de los pájaros que tumbaban los fuertes vientos de las montañas
y los volvía a poner en su sitio. Así se salvaron muchos huevitos de que se
los comiera una culebra en el suelo y nacieron de ellos hermosos pajaritos.
Curiosamente, los animales no temían a la
niña y comían en su mano, los más hermosos conejos y ardillitas. La niña se
entretenía haciendo figurillas en barro de los pajaritos, y de los conejos y
ardillas. Estas montañas eran abundantes en magníficos barros y arcillas para
hacer finas cerámicas.
Su Padre la decía a la Madre : "Que
extraño !. Los adivinos pronosticaron un gran futuro al nacer Toquilla, pero
somos pobres, y no veo que gran futuro espere a nuestra niña, aparte de ser una
campesina, pues somos de una nobleza en desgracia y tendremos suerte si logramos
casarla con un indio que la respete y sea bueno con ella".
Y así, cuidando nidos y haciendo
animalitos en barro, Toquilla se volvió la más hermosa de las señoritas, pero
siempre cuidando a sus pequeños amiguitos del bosque.
Ya tenía 15 años, nuestra gentil amiga,
cuando empezó a tener sueños y visiones. Una noche, en trance visionario,
Toquilla salió de su casa y fué hacia la colina de las gredas y arcillas, allí
modeló dos grandes animales de cuatro patas. Estos animales nunca antes habían
sido vistos, Toquilla le puso unas chamisas o ramas secas en la cabeza al más
grande de la pareja de animales.
Luego apareció una hermosa luz y le pidió
a Toquilla que se pinchara el brazo con una espina para que le saliera un
poquito de sangre. La sangre brotó en pequeñas gotitas que Toquilla untó a
los animales de barro. Luego la luz sopló sobre las dos grandes esculturas y al
instante cobraron vida dos hermosos venados, que los hombres no conocían antes.
El hermoso color de los venados se debía a
la sangre de Toquilla. Al instante empezaron a dar grandes saltos de alegría,
los recién creados y lamieron la cara de nuestra señorita para darle las
gracias por su sacrificio.
Nuesta amable Princesa siguió muy amiga de
los ciervos, que eran macho y hembra, pero con un gran temor de que los
cazadores descubrieran su existencia. Pues eran una presa excelente por su tamaño
y belleza.
Pasó el tiempo y nació el más hermoso de
los cervatillos, lleno de gracia y ternura y Toquilla le dió el nombre de
"Chihica". Chihica era muy juguetón y alegre, y cuando no estaba con
su madre, era porque recibía la visita de su mejor amiga, la Princesa sin
reino, la gentil Toquilla.
El
Príncipe Triste
El Príncipe Toquechá era el orgullo de su
Padre el Gran Cacique, este joven Indio era bueno y considerado no sólo con sus
Padres, sinó con sus hermanas menores y en general con la gente del pueblo. Por
eso los Indios sencillos querían al Príncipe y esperaban que el futuro del
Imperio Muisca fuera brillante debido a la bondad y gentileza del joven.
Debió ir a una guerra para impedir la
invasión de unas tribus menos civilizadas y allí se comportó como un héroe,
pero fué herido por lo cual los médicos brujos le recomendaron mucho cuidado y
descanso en un bohío.
Pero algo muy extraño sucedió, el Príncipe
se volvió muy triste. Entonces el Gran Cacique organizó fiestas, hizo venir
las más hermosas Princesas del Imperio y los mejores músicos, pero todo fué
inútil.
Entonces se encomendó a su mejor amigo, su
primo, que averiguara la causa de estas tristezas y soledades y Toquechá
contestó que veía una hermosa joven en sueños y unos animales de gran
velocidad y gracia que corrían junto a ella. Toquechá no sería feliz hasta
que conociera a la hermosa joven soñada y averiguara quienes eran esos animales
tan ágiles y hermosos.
Finalmente los Dioses inspiraron a Toquechá
a ir con sus primos de cacería para buscar los cuadrúpedos soñados, pues
cerca a los animales de imposible maravilla debería estar la joven más hermosa
de la Tierra.
Y fué así como después de mucho recorrer
parajes, supieron de un viejito Indio que había visto unos animales llenos de
gracia y majestad, pero muy rápidos, ariscos y difíciles de ver.
El Príncipe no podía más de impaciencia
y se adelantó a sus primos y ayudantes llegando hasta un claro del bosque donde
vió un hermoso ciervo con grandes astas y su hembra, también había un
gracioso cervatillo ya muy grande que parecía el hijo de la pareja.
Los dos ciervos grandes se movieron y sólo
quedo el venado joven como blanco fácil. Toquechá tendió el arco, apuntó a
Chihica y disparó.
Pero se oyó un grito y luego un gemido, la
Princesa Toquilla se había atravesado en el camino de la flecha para salvar a
Chihica.
Hubo que llevar a Toquilla cargada a su
casa y esta preciosa señorita empezó a debatirse entre la vida y la muerte.
Uno de los primos de Toquechá estudiaba brujería y era muy versado en las
hierbas y raíces más potentes y en los mejores conjuros de los Dioses. El hacía
hasta donde podía sin ningún éxito.
Pero todo en este mundo es obra de los
Dioses que habían dirigido la mano y la flecha y que habían derramado la
sangre de Toquilla sobre la piel de Chihica. Este cervatillo se volvió aún más
hermoso y más rojo de lo que era antes, gracias a la sangre de su mejor amiga.
También quisieron los Dioses que el padre
de Toquilla y su hermanos se apaciguaran antes las muestras de arrepentimiento y
humildad del Príncipe Toquechá y sus primos y acompañantes por el accidente
sucedido.
Toquechá estaba desesperado por su error y
lo más grave era que la Princesa Toquilla era la dama de sus sueños.
Finalmente las lágrimas de Toquechá cayeron como sacrificio y ofrenda sobre
las mejillas de la joven inconsciente y quisieron los Dioses que esta despertara
y que se enamorara también del valiente y galante Príncipe.
La
Suntuosa Boda
El Príncipe Toquechá, como el valiente
que era, iba cubierto con una piel de jaguar, animal de la fuerza y el valor, de
su gran diadema de oro macizo salían grandes plumas de intensos colores, iba
muy pesado por tanto oro, pectorales de oro, brazaletes de oro, perneras de oro
y oro en las sandalias. Además sus esmeraldas daban luz y alegría.
Pero la multitud no lo miraba mucho, ni
miraban a los caciques vestidos con pieles de osos de anteojos que lo acompañaban
a los lados, nadie veía sus plumajes y pectorales de oro. Tampoco miraban mucho
las lindas guacamayas y tucanes que llevaban en sus hombros y brazos los más
poderosos brujos del Imperio.
No Señor !!, todas las miradas de los
Indios Viejos, Jóvenes y de los Indiecitos estaban puestos en el cortejo de la
Novia, allí venían primero las más lindas damitas del Imperio, arrojando orquídeas
y anturios al paso de la más hermosa de todas, que era la Princesa Toquilla.
Toquilla venía vestida con un precioso
traje del más fino algodón teñido de muchos colores intensos. Su lindo pelo
negro adornado con dos orquídeas : una blanca y amarilla y otra morada y roja.
A su lado y admirado por todo el mundo, iba Chihica, el regalo de los Dioses.
Y fué así como la linda Princesa y el
Ciervo Rojo se robaron todas las miradas y nadie veía las joyas y atuendos de
los grandes del imperio, ni los báculos y bastones de mando de oro macizo
llenos de piedras preciosas.
Toquechá sonrió comprensivo al acercarse
a su Princesa Soñada, y Chihica, que ya empezaba a tener astas en la cabeza
saludó al enamorado de su Ama.
Sonaron las flautas de muchos tipos, los
tambores y las caracolas y se realizó este enlace con la bendición de los
Dioses.
Ah !!!, pero olvidaba una cosa importante
!. El primero que besó a la Novia Toquilla después del Príncipe, fué Chihica,
el Ciervo Rojo que saltaba de alegría.
Cuento libre, inspirado en Leyenda de :
Mitos, Leyendas, Tradiciones y Folclor del Lago de Tota.
Por Lilia Montaña de Silva.