“UN MUNDO MÁGICO”
Cuando niña, siempre fantaseaba con un mundo lleno de grandes
emociones. Gracias a las locas historia de mi abuelo. Mis padres siempre lo
recriminaban por que me llenaba la cabeza de tonterías, según ellos. Pero un día,
cuando apenas contaba con tan solo diez años, mi abuelo me contó una historia
realmente increíble, y algo complicada para mi edad, pero puse toda la atención
posible a una de las nuevas fantasías de mi abuelo.
En un bosque muy lejos de aquí, cerca de cinco lunas, existía un mundo
paralelo al nuestro, lleno de grandes magos, duendes, hadas, en sí todo a lo
que se puede llamar mágico. Pero para llegar a él tienes que pasar por una
serie de riesgos y, lo más importante, creer en su existencia. En realidad era
toda una odisea.
Mientras crecía, bueno en realidad no fue mucho, ya con mis
diecisiete inviernos decidí corroborar la historia de mi tan fantasioso
pariente. Además era una buena excusa para salir del pueblo. Cuando les comente
a mis padres que me iría pusieron el grito en el cielo, y casi matan a mi
abuelo sino se encontrase ya muerto, pues no les cayó bien mi idea. En realidad
apenas enterados de mi decisión me encerraron en mi habitación, creyendo que
así impedirían mi tan anhelado viaje. Ya bien entrada la noche decidí
escaparme no sin antes dejarles una nota en la cual les explicaba que: Mi mundo
no era vivir comúnmente como lo estuve haciendo todo ese tiempo. Que quería
explorar la tierra, y averiguar si más allá había un mundo diferente, lleno
de magia y fantasía. Un mundo que anhelaba conocer.
Para poder emprender el viaje sin ningún contratiempo, tuve que cortar
mi hermoso cabello rubio, ponerme pantalones y una camisa para poder simular a
un varón. Esto lo pude conseguir gracias a las ropas de mi padre, que
afortunadamente era de mi estatura. Así comencé mi viaje en mi caballo Tasus,
y con lo suficiente para poder sobrevivir a mi travesía. Tuve que viajar cerca
de dos días para poner cierta distancia entre mi pueblo, y por que no decir mi
padre, quien me buscaría. Afortunadamente no tuve contratiempos en todo el
camino. Así que decidí descansar en un pequeño claro que había encontrado.
Prepare una fogata, y tuve que cazar un conejito para comer lo cual no me hizo
ninguna gracia ya que nunca lo había hecho. En realidad fue muy difícil, pero
tenía que alimentarme sino quería morir. Ya saciada mi hambre, decidí dormir
un poco ya que tenía mucho camino por recorrer para encontrar lo que me había
empeñado en buscar.
El día llego, con pesadumbre me levante cuando el sol ya me
cubría el rostro impidiendo mi sueño. Me propuse a bañar en tan exquisito
lago, luego desayune algo de té con pan de nuez y queso de cabra. Cuando terminé,
levante mi improvisado campamento. Tomando las riendas de Tasus me propuse
caminar, pues ya estaba bastante cansada de montar, y así nuevamente emprendí
el viaje.
A medida que me apartaba más al norte hubo momentos en que
me hospede en posadas, después de haber regateado por una habitación claro
esta. Se preguntaran con qué dinero, pues con mis ahorros. Mi abuelo siempre me
enseño a ahorrar “para sacarme de
apuros” siempre decía. Además que por el camino tuve que narrar
historias para poder conseguir el tan preciado metal. Mientras más avanzaba más
sitios conocía, eran increíbles cada uno de ellos. Hasta que por fin llegue al
bosque, era como me había dicho mi abuelo, con grandes árboles que podían
tocar el mismo cielo de cuyas copas salía un extraño y tenebroso sonido, que
si no fuera por lo que había tenido que hacer para llegar aquí no ingresaría.
Lo que lamente fue dejar a Tasus ya que la espeses de los frondosos matorrales
podrían herirlo. Pero lo curioso fue qué a medida que me intentaba adentrar al
bosque, aquel sonido cambiaba inexplicablemente a uno más calido y hermoso, que
me llenaba de una paz interior que ni siquiera pueden imaginar. Era espléndida
la belleza del bosque con flores gigantes que nunca había visto jamás. Incluso
me acerque a tratar de olerlas pero una voz me sorprendió muy cerca de mi oído:
– Yo de ti no haría eso. – Me dijo.
Era como una pequeña mariposa pero ésta tenía cuerpo humano, y un
lindo vestidito rosa. Volaba alrededor de mi cabeza mientras hablábamos.
– ¿Por qué? – Le pregunté.
– A veces las apariencias engañan, es carnívora.
– Pero no lo parece.
– Ya te dije, nunca confíes en lo que no
conoces.
– Entonces tampoco debo confiar en ti.
– Jajaja… Aprendes rápido, pero no te
preocupes yo no muerdo soy vegetariana jajaja… – Dijo sin dejar de reír.
– Eres un hada ¿verdad?
– ¿Cómo lo sabes?, espera yo lo adivino, por
mi magnifica belleza y mis hermosas alitas, no. – Dijo toda presuntuosa.
– Eres bastante modesta para ser tan pequeña,
en realidad mi abuelo siempre me contaba historias sobre ustedes, y muchas otras
cosas. – Le dije orgullosa por mis conocimientos.
– Mira quién habla de pequeñas, pero es muy
interesante lo que dices, hay muy pocas personas que conocen nuestra apariencia.
Siempre divagan cuando hablan del mundo mágico. – Somos interrumpidas cuando
otra voz que no pude escuchar, aclama la presencia de la hada. – Lo siento
pero me tengo que ir. – Terminó, emprendiendo el vuelo lejos de mí.
– ¡Espera por favor, puedo ir contigo! – Me
apresure a decir, pero era muy tarde.
El hada se va rápidamente volando sin escuchar mis palabras, así que
decidí correr tras ella. Corrí mucho sin saber hacia dónde, hasta que llegue
a un extraño río con el agua más cristalina, permitiendo ver a peces de
diferentes colores y tamaños, nadando libremente. Que con sólo mirarlos recordé
el hambre que tenía, así que decidí pescar uno para comerlo. Cuando ya tenía
un hermoso pez dorado en mis manos el pez hablo y tuve que rápidamente
soltarlo, cayendo de traste y empapando mi ropa.
– Pero que haces niña, a nosotros no nos
puedes comer. – Dijo el dorado pez.
– Pero… pero, es que…Tengo mucha
hambre…, lo siento – Trate de decir con la cabeza gacha por la vergüenza.
– No te preocupes, sígueme.
Vi como el pez saltaba en el agua, y corrí tras el hasta que se
detuvo antes de llegar a una parte profunda del río, y me dijo: Que de aquí
podría sacar cuantos peces quisiera y comerlos. Le agradecí pero le pregunte
si estos peces hablaban, porque no quería comer algo que hable. El pez tan solo
se rió de mí, y se alejó como lo había hecho antes. Entonces pesque un gran
pez, y lo cocine, comiéndomelo en tan sólo unos minutos mostrándome cuan
hambrienta había estado. Después de esto me entró un sueño al que no pude
resistirme, y me recosté bajo un árbol ya que estaba anocheciendo. Caí en un
sueño tan profundo hasta que sentí unos lametones en mi rostro, y poco a poco
abrí mis ojos sorprendiéndome al abrirlos cuando un hermoso león blanco me
observaba tranquilamente. Pensé que hasta aquí llegaba mi travesía, y este
hermoso especimen me comería. Me arrincone más al árbol sin saber que hacer
cerrando fuertemente mis ojos a medida que el animal se acercaba más a mi, y mi
sorpresa fue grande cuando éste me lamió, nuevamente, abrí con temor uno de
mis ojos, y observe una sonrisa que se dibujaba en los labios del león, y me
hablo:
– No temas Desslie, no pienso hacerte daño, sólo
vine a ayudarte.
Hasta ese momento ya no me sorprendía que también pudiera hablar, pero
mi nombre ¿cómo lo sabía?
– ¿Cómo sabes que me llamo así? – Pregunté
curiosa.
– En este mundo se sabe todo, mi nombre es
Zangar. Como te dije, te vine a ayudar.
– ¿Ayudar?, ayudar ¿en qué?
– A llegar al mundo mágico.
– ¿Qué… acaso ya no estoy aquí? –
Pregunté, ahora sí, más que sorprendida.
– No pequeña, esto es sólo parte de él, te
falta mucho para llegar, ven súbete en mi lomo yo te llevare, no debemos
demorar demasiado.
Decidí no preguntar más, solo por el momento. Subiéndome en su
lomo con lo poco de mis pertenencias cruzamos un pantano espantoso, que a medida
que avanzábamos pude observar que sobre la superficie comenzaban a salir algo
que no sabía qué era. A mí me parecían serpientes. Estaba muy atenta y
asustada, hasta que uno de ellos trato de hacernos caer al fangoso lago, fue así
como los pude ver de cerca, sus extremidades inferiores se parecían a las de un
caimán, la superior humana pero llena de escamas, y con cabeza de serpiente.
Pero gracias a las fuertes garras de Zangar logramos salir de allí con largos
saltos que nos alejaron rápidamente de tan horrible lugar. Me alegró mucho
contar con la ayuda del león, porque al parecer esto era por lo que tenía que
pasar después del hermoso bosque, y estoy segura que no lo hubiera logrado.
Después de dos arduos días sin descanso cruzamos ese horrible pantano.
Llegando a un hermoso claro muy parecido al que había dejado días atrás.
– Aquí estarás a salvo mi pequeña amiga.
Será mejor que descanses, mañana podrás emprender nuevamente el viaje. –
Dijo Zangar. Cuando ya me había bajado de su segura montura.
– ¡Gracias!, sino hubieras estado conmigo no
hubiera llegado hasta aquí. – Con estas palabras abrase al gran león.
– Estoy seguro que te las hubieras ingeniado
muy bien sin mi, pequeña.
– Oh, no lo creo, pero gracias. – Dejando de
abrazar ya al león.
– Descansa, y será mejor que comas algo. Mira
ves esos árboles frutales qué están allá, de allí puedes comer algo, y en
el lago hay muchos peces si quieres comer.
– Oh, gracias, pero ésos no hablan ¿verdad?
– Pregunté rápidamente.
– Jajaja… Eres muy graciosa, lo sabías, no
te preocupes puedes comerlos tranquila, ésos no hablan jajaja… – Dijo
Zangar riéndose por la pregunta.
Avergonzada por mis palabras baje la cabeza, y le dije casi en un
susurro:
– De todas maneras no tengo mucha fuerza para
buscar algunas ramas y encender una fogata, creo que me conformare con la fruta,
gracias.
– Como quieras pequeña, nos veremos luego.
– Dijo pretendiendo marcharse.
– ¿Te marchas? – Dije algo apenada por la
partida de mi amigo.
– Sí, pero no te preocupes te aseguro que nos
volveremos a ver. – Dijo mientras se acercaba, y lamía mis lágrimas.
– Gracias, pero, ¿cómo voy a saber hacia dónde
ir? – Atiné a decir entre sollozos mientras abrazaba nuevamente al hermoso león
blanco.
– No te preocupes, tú instinto te lo dirá.
Adiós. – Con estas últimas palabras Zangar desapareció de mi vista.
Después de comer y descansar decidí explorar el sitio un poco, a
medida que me adentraba más allá del río, divisé un hermoso purasangre
azabache con un cuerno en la testa y unas bellas alas del mismo color que bebía
la dulce agua del río. Me acerque lo más despacio posible para no espantarlo,
extendí mi mano temblorosa para frotar su crin, y me asombro que se dejara
acariciar. Al voltear su hocico, y recibir mi caricia pude ver que tenía unos
fastuosos ojos azules. Mi estupor fue interrumpido cuando nuestros oídos
captaron un silbido que requería a tal estupendo animal, éste troto apartándose
de la orilla, y desplegando sus grandes alas voló hacia su llamado. Yo, con la
boca abierta al ver volar a tal animal, corrí en la dirección en la que se
alejo. Mayor fue mi sorpresa cuando un hombre se subía en el caballo, y se
alejaban sin escuchar mi llamado.
Al ver partir a tal preciado animal, con quien al parecer era su
dueño, decidí seguir apreciando tan hermoso lugar, llegando pronto a la fuente
del río en el cual me dispuse a darme un baño. Allí, me sorprendió una
Xanas, ninfa propia de los ríos de España, la cual era aún una niña y,
siempre, le gustaba ir a la fuente para jugar.
– Hola extraña, ¿quieres jugar conmigo? –
Preguntó la Xanas.
– Oh, lo siento, no te había visto. – Dije
algo sobresaltada.
– Descuida, ¿quieres jugar?
– ¿A qué quieres jugar?
– A zambullirnos, ¿quieres?, me encanta ese
juego. – Me dijo contenta.
– Claro.
Y así, comenzamos a zambullirnos. En realidad el juego consistía en ver
quien resistía más en el agua, ella siempre me ganaba, ya que era una ninfa
acuática. Jugamos así mucho rato, hasta que me di cuenta que mi piel, estaba
arrugada por el largo tiempo que había pasado en el agua, así que decidí
parar el juego.
– ¡Eh!, no sé como te llames, pero creo, que
ya basta de juegos por hoy.
– Ah, que pena, me llamo Sally-anne, y ¿tú?
– Desslie, fue un placer jugar contigo,
Sally-anne. – Le decía mientras me disponía a salir del agua para vestirme
– Ya es muy tarde, no crees que debes ir a casa, tu madre te debe estar
buscando.
– Sí, ya es tarde, ¿podremos jugar mañana?
– Me dijo Sally-anne.
– No lo creo, mañana, tengo que emprender el
viaje nuevamente, lo siento.
– Descuida, tal vez, nos volvamos a ver, te
diriges al castillo verdad. – Me dijo más afirmando, que preguntando.
– ¿Castillo? – Pregunté aturdida.
– Adiós, nos veremos luego.
– ¡Hey, espera! – Vi como la Xanas se
alejaba, adentrándose rápidamente a las profundidades del río.
Esa misma noche, tuve un extraño sueño, en el qué aparecía un hombre con orejas puntiagudas,
alto, muy guapo, pero exótico a la vez, y me llamaba su princesa. Me levante
sobresaltada, ante aquel inexplicable sueño, y me propuse seguir mi viaje, sin
saber, qué me depararía el futuro.
Después de caminar casi toda la mañana,
llegue a un camino, que estaba indicado con piedras de distintos colores, avance
no más de cinco metros, cuando de pronto, escuche el relincho de un caballo. Así
qué me dispongo a buscarlo, dándome con la sorpresa que tal caballo, era el
que había visto días atrás. Nuevamente me acerque, como lo había hecho
antes, cuando de pronto, una voz me sorprendió detrás de mí:
– Es hermoso, ¿verdad? – Rápidamente
volteo, y lo que vi me sorprendió aún más, cuando el hombre de mi sueño se
presentaba ante mí – Se llama Alphard, y, yo soy Shegab, ¿tú eres?
– Desslie, me llamo Desslie. – Me apresure a
decir, sorprendida.
Aquel hombre estaba vestido: con una especie de túnica blanca sujeta por
un cinto marrón, con largos cabellos, de un inexplicable color que no era
negro, rubio ni rojo. Sus ojos fueron lo que más atención me dio, al igual que
su cabello, sin color definido, ni azules, ni negros, ni verdes. Pero a pesar de
eso era un ser encantador.
– Un placer Desslie. – Dijo Shegab. Hasta
Alphard relincho moviendo la cabeza en forma de saludo – Parece que también
le agradas.
Los dos sonreímos, y fue así que pude ver su sonrisa dulce y angelical.
Acariciando tiernamente al animal dije:
– En realidad, ya nos conocemos, pero no sabía
que se llamara así, bonito nombre.
– Entonces, te gustaría dar un paseo en el.
– Claro, me encantaría. – Sin disimular
mucho mi alegría, que casi doy brincos por la emoción, pero afortunadamente me
contuve.
Él ya estaba montado en Alphard, y me ayudo a subir al corcel
tendiéndome la mano para depositarme sobre los cuartos traseros de
Alphard. Sujetándome muy
fuerte de su cintura emprendimos el vuelo.
Desde el cielo la vista del bosque era hermosísima, sobrevolamos
por bellos lugares hasta un río que tenía una gran cascada,
en la cual decidimos detener nuestro viaje para descansar.
– Fue muy lindo y emocionante, gracias. –
Dije.
– Me alegro que te halla gustado. ¿Deseas
comer algo? – Dijo él.
– Sí, pero no tengo nada.
– No te preocupes, espérame un momento, ya
vuelvo. – Apartándose de mí.
Después de unos cuantos minutos retorna con una liebre muerta.
– ¡Oh, la has matado! – Exclamé acercándome
rápidamente a él.
– Pues sí, no me dijiste que tenías hambre,
¿no te gusta? – Me decía mientras me mostraba la presa que había capturado
para comer.
– No es eso, sólo que me da mucha pena ver a
un animalito muerto.
– Ah, lo siento, ¿qué has estado comiendo
entonces?
– Bueno, en realidad si los como…, ah, olvídalo.
Él sólo se echó a reír, y se dispuso a prepararlo. Me sorprendió
mucho más cuando, después de juntar las ramas secas que nos servirían para la
fogata, con solo un chasquido de sus dedos encendió las ramas. Sabes, creo que
en este mundo ya no me debería sorprender tales cosas, pero no pude evitar
hacerlo. Mientras comíamos le comencé a contar por todo lo que había pasado
para llegar aquí. Incluso me enteré que los seres que nos habían atacado a
zangar y a mí en el lago, se les llamaba Masientrix. Eran una especie de
guardianes, y cuando le conté de mis padres no puede evitar entristecerme,
haciendo que él lo notara y quisiera consolarme abrazándome, lo peor de todo
es que no pude rehusar llorar. Después que logré sosegarme, ya era demasiado
tarde, así que me dijo:
– Será mejor que nos vallamos, ya está
anocheciendo.
– Sí claro, siento mucho haberme puesto a
llorar pero… – No pude seguir cuando sentí un nudo en la garganta,
queriendo nuevamente llorar.
– No te preocupes, tal vez los vuelvas a ver.
– Abrazándome nuevamente esta vez evitando que vuelva a llorar – ¡Eh, que
te parece, si vamos a mi casa! – Exclamó para sacarme de mi tristeza.
– Gracias, pero no quisiera molestar.
– No es molestia, vamos sube. – Ya montado
en Alphard.
Al igual que la vez
anterior me subí en Alphard, y junto a Shegab emprendimos nuevamente el vuelo.
El viaje no duro mucho, llegamos a un gran y hermoso castillo. A medida que
sobrevolábamos el castillo pude ver a muchas personas las cuales desde lo alto
se veían muy pequeñas, y grande fue mi sorpresa cuando los pude ver de cerca,
ya que eran enanos, incluso yo era más alta que ellos. Alphard fue llevado a
las caballerizas, y nosotros entramos en el castillo. Ya dentro Shegab me lleva
ante sus padres, y me presenta:
– Padres, les presento a Desslie.
– Mucho gusto Desslie, yo soy Trevers y ella
es Mandy. – Dijo su padre amablemente, quien era vivo retrato de Shegab, solo
que más viejo, y su madre igual de alta, pero de cabello rubio rojizo, además
de ser muy bella.
– El gusto, es mío. – Dije con una sonrisa.
– Shegab hijo, instala a Desslie en una de las
habitaciones, seguramente desea descansar.
– Sí madre.
– Desslie, nuevamente es un gusto conocerte,
ojalá te sientas cómoda en nuestras instalaciones. – Dijo amablemente su
madre con una hermosa sonrisa, igual a la de Shegab.
– Descuide, estoy segura que son muy cómodas.
– Dije igualmente con una sonrisa.
Fui conducida por Shegab a través de largos pasillos que conducían
a la estancia en la que me instalaría. Al entrar en ella no pude evitar quedar
estupefacta con ver lo grande que era, tenía una enorme cama en el centro
cubierta con finas sábanas de seda, y sobre ella ropa de cama lista para
estrenar. Al lado de la misma había una mesa y sobre ella una lámpara
finamente diseñada, una butaca se encontraba cerca de una de las grandes
ventanas de cristales emplomados, el piso era de mármol blanco. También había
un armario al cual corrí a abrir dándome con la sorpresa que se encontraba
lleno de hermosos vestidos refinadamente diseñados, y justo de mi talla. También
pude notar otra puerta la cual daba al baño. Después de darme un buen baño, y
ponerme la sedosa pijama me dispuse a dormir.
Al siguiente día recibí la noticia de qué se llevaría a cabo una
ceremonia a la cual estaba cordialmente invitada. Como faltaba mucho para la
fiesta decidí ir a las caballerizas para ver a Alphard, pero lamentablemente no
lo encontré. Pero me dio mucho gusto al ver a mi caballo Tasus, el cual también
me recibió alegremente con sus relinchos. Pase gran parte del tiempo con mi
caballo, y explorando la cuidad que circundaba al castillo, a cada sitio qué
entraba era recibida con una reverencia incluso recibí muchos obsequios.
No sólo había enanos en la ciudad, también había centauros, duendes,
brujas, magos, ninfas de bosque, minotauros, elfos y hadas. Incluso me encontré
a Dita que era como se llamaba el hada que conocí la primera vez que llegue al
bosque.
Ya en la fiesta, todos vestían elegantemente. El traje que había
decidido ponerme era un elegante vestido largo de color verde claro, el cual se
me ajustaba perfectamente de la cintura para arriba. Iba del brazo de Shegab,
que llevaba una túnica de cuello alto con un cinturón, de color negro, con
pantalones oscuros y unas botas negras de interior.
Baile la mayoría de las piezas con Shegab, y otras con su padre. En
realidad durante toda la fiesta me encontraba muy nerviosa, primeramente porque
nunca había asistido a una fiesta como ésta, y mucho menos bailado,
afortunadamente Shegab siempre estuvo a mi lado. La noche transcurrió.
Terminada la hermosa fiesta, me dispuse a retirarme a mis aposentos a los cuales
gustoso Shegab se dispuso acompañarme. Y cuando ya nos encontrábamos en la
puerta de mi cuarto:
– Me gustaría mucho, que aceptaras acompañarme
a un bello lugar mañana, Desslie.
– Me encantaría Shegab. ¿Acaso aún hay
bellos lugares en este mundo mágico qué me falta conocer? – Pregunté
sorprendida y alagada por su invitación.
– Ah, mi bella Desslie, claro, pero ninguno se
compara a tu belleza – Sus palabras hicieron que me sonrojara y bajara la
cabeza creyendo que así evitaría que se diera cuenta. Sentí como él tomaba
mi mano, y tomándola entre las suyas me dijo – Siento haberte apenado mi
bella Desslie, pero no puedo evitar decir la verdad.
Levante levemente el rostro aún apenada y sonreí.
– Gracias. – Me atreví sólo a decir.
Él, beso mi mano delicadamente sin dejar de ver mis ojos, incorporándose
luego, y regalándome una de sus hermosas sonrisas.
– Ahora descansa, mi bella Desslie.
Él espero que entrara al cuarto, y después se marcho.
El amanecer llego tan lindo como tantos en este mágico lugar, a pesar de
llevar tan poco tiempo en el. Después de desayunar con sus padres, al no
encontrar a Shegab, su madre me dijo que me estaba esperando en la caballeriza.
Corrí, y lo encontré preparando a dos caballos: uno de ellos era mi adorable
Tasus y el otro era un hermoso lipizano blanco. Al no ver a Alphard por ningún
lado le pregunte por el, diciéndome que donde íbamos no era necesario
llevarlo, además quería que descansara un poco. Partimos, cada uno en nuestros
respectivos caballos. En todo el camino íbamos hablando de la fiesta, y de los
alrededores. No pude evitar preguntarle nuevamente ¿dónde quedaba ese sitio
tan especial?, a lo que sólo me respondía que: “la
paciencia es una virtud, mi adorable Desslie”. Después de varias horas de
camino lleno de prados, llegamos al pie de una gran montaña en donde
desmontamos. Y Shegab emite un suave sonido con una especie de flauta cuya forma
consistía en un tubo de unos diez centímetros, mitad madera y metal, con tan sólo
dos orificios. Al emitir el dulce y suave sonido produjo que la montaña
comience a temblar, y que poco a poco de sus faldas se abra una pequeña puerta.
Encendiendo una antorcha que se encontraba en la entrada, nos disponemos a
entrar, entré de su mano mientras él con la otra sostenía la antorcha. Nos
acercamos a una fuente de agua, de un insólito color azul, que era llenada por
una pequeña abertura en la parte alta de la misma fuente. Shegab, deja la
antorcha en un antorchero cerca de la fuente y me dice:
– Ven, Desslie, acércate. – Dijo dándome
su mano.
Me acerque, colocando mis manos en el borde de la fuente.
– Es muy lindo, a pesar de estar en un sitio
bastante tenebroso.
– Cuando me contaste de tu familia, te pusiste
muy triste, y quería que los vieras. Pero para eso, te voy a pedir que cierres
tus ojos y pienses en ellos. Los abrirás cuando yo te lo diga. – Hice lo que
me pidió, aún, sin entender lo que iba a suceder – ahora, Desslie, ábrelos.
Muy lentamente, abrí los ojos, y la escena que observe me puso a llorar.
Mi madre, estaba muy feliz, cantando una canción de cuna, cuando de pronto
aparece mi padre, y sonríe abrasando a mi madre.
- Es preciosa, ¿verdad?
– Escucho decir a mi madre.
- Sí, es muy bella.
– Dice mi padre.
- Me recuerda a
nuestra Desslie.
Veo a mi madre llorar, y a mi padre abrazarla. Poco a poco la imagen se
va alejando, mostrándome la escena completa: mis padres y un bebe en una cuna.
– ¡¿Quién es?! – Exclamo la Pregunta
confundida a Shegab. Sin dejar de ver la imagen.
– Es tu hermanita.
– ¡¿Hermanita?!, pero no puede ser, yo soy
hija única, además ella apenas es una bebe.– Dejando a un lado la imagen,
para ver fijamente a los extraños ojos de Shegab.
– Cuando te marchaste, tu madre estaba
encinta. Tu padre, te busco sin saber que rumbo habías tomado. Pero una vez,
llego a una villa, en la cual le dijeron que una mujer con tus características
fue hallada muerta en el bosque, como nadie reclamaba el cuerpo lo enterraron en
el pueblo. Tu padre, al principio, no lo creyó pero al no tener nunca noticias
tuyas se resigno, y al regresar a casa se dio con la agradable noticia que era
padre de una hermosa bebe, a la que llamaron Hope.
Yo escuchaba atenta, a Shegab, mientras veía la imagen de mis padres
junto a mi hermana. Con mucho pesar dije:
– Creo que es mejor así. Quiero mucho a mis
padres, pero la vida que me esperaba en ese mundo no la quería, por lo menos
tengo el consuelo de que no están solos – Después de un largo silencio
observando la bella imagen de mi familia – Gracias. – Fue lo único que dije
finalmente mientras la imagen se disipaba por completo.
Un año paso desde que llegue al mágico lugar, cada día aprendía
muchas cosas nuevas. Me entere que Zangar, era rey de todos los animales del
bosque, y uno de los consejeros reales del reino. Mandy, madre de Shegab, me
enseñó el arte de leer las estrellas, y Shegab a parte de mostrarme
innumerables lugares me enseñó tiro con arco, que era una de sus habilidades.
Me enteré que Tasus había sido traído por un mago del pueblo y buen amigo de
Shegab, fue por eso que encontré a Dita la primera vez que llegue al bosque, ya
que ella era la asistente del mago. No sólo aprendí, y conocí muchas cosas,
si no que me iba enamorando más de Shegab.
En plena fiesta de celebración de mi cumpleaños, numero veinte, Shegab
me sorprendió pidiéndome que me casara con él, a lo cual acepté dichosa. Y
es así como me convierto en la princesa de éste majestuoso y mágico lugar.
Pero como yo no pertenecía a este mundo por ser humana, no duraría por
siempre, así que Shegab me ofreció pasar nuestras vidas por siempre juntos
convirtiéndome en un elfo. No sé cómo paso, tan solo recuerdo que un día, me
levante, y al mirarme al espejo observe mis orejas puntiagudas.
Es así como encontré, y ahora pertenezco a este mundo lleno de fantasía,
ilusión, magia y por que no amor. Tan solo les digo que nunca dejen a un lado
sus sueños, traten siempre de hacerlos realidad, y recuerden que dependen de ti
para que se cumplan.
~ ¿FIN…? ~
Andrea &
Gricelda.