Monse la princesa de azúcar

 

Érase una vez, en un país de turrón, con árboles de chocolate, lámparas de bombón y flores de anís. Ahí vivía una hermosa princesa de azúcar, que siempre estaba en su castillo de gomita esperando al apuesto príncipe que habrá de llegar un día a la media noche a la hora donde las manecillas se juntan.

 

Mientras la princesa de azúcar sueña con el día de la llegada de su príncipe, pero cada día que se asomaba al balcón lo único que podía ver era a las 12 brujas que salían cada noche para buscar a los glotones que estaban en el país del turrón, así que la princesa desde lejos observaba molesta como las brujas volaban por todo el castillo.

 

Y cada noche una bruja se trataba de acercar al balcón de la princesa. Monse que era una chica que le gustaban los pasteles y las tazas de chocolate caliente, pensaba que las brujas la querían llevar por sus abusos con los pasteles. Así que cada que la bruja se acercaba a su balcón ella mandaba guardianes por que tenía miedo que le hiciera daño.

 

Un día Corín la galleta de nuez le pregunto a la princesa por que no dejaba que la bruja le hablara y así conocería que es o que desean, a lo que la princesa le respondió – esas brujas son muy feas, y aun más la que se acerca a mi balcón, además una princesa tan bella como yo no debe dejarse ver con una bruja horrorosa.

 

La princesa Monse era muy bonita y dulce (nunca mejor dicho), pero también era elitista y glotona. Ella conocía esto de misma, así que temía que las brujas un día se la llevaran y por ello no dejaba que se le acercarán. Así que ordeno a sus guardias y soldados que la protegieran manteniendo lejos a estos personajes.

 

Y así paso el tiempo, muchos años, pero el príncipe no llegaba, la princesa Monse desolada lloraba cada noche, y sumida en su amargura cada vez fue volviéndose con un corazón más amargo.

 

Un día al ver su soledad no pudo soportar más, y echo la culpa a las brujas que seguían rodando cada noche el castillo, así que llena de ira mando capturar a las doce brujas, mando dragones y la llevo al calabozo del castillo.

 

Estando la princesa en sus aposentos, Corín fue a llevarle un pastel de fresa y una jarra de chocolate caliente para beber, - princesa, te traigo pastel y chocolate para que meriendes- ella que estaba muy amargada y triste, se comió todo el pastel de una sentada y en lugar de tomar solo una taza de chocolate se bebió todo lo que había en la jarra. Corín asombrado no evito exclamar- princesa! – a lo que ella contestó-  no entiendo por que si ya cautive a las brujas que impedían que mi hermoso príncipe se acercará él no ha venido por mí- dicho esto empezó a llorar y de pronto pensó que tal vez las brujas habían hechizado el castillo y por eso el príncipe no le encontraba, así que decidió mandar a la hoguera a las brujas!- pero princesa! exclamo Corín, dónde las va a quemar, con la hoguera el país de turrón  y todos los que habitamos en el podemos derretirnos!

 

Ella que estaba muy molesta dijo entonces tendré que encerrarlas para siempre y mandarlas a la oscuridad para la eternidad. Y así sucedió.

 

Pasaron los años y la princesa de azúcar ya estaba envejeciendo, sus brillantes ojos estaban desmoronándose y ya no le apetecía comer pasteles y chocolates. Se sentía triste y confundida pues su príncipe nunca llegó.

 

Así un buen día bajo a ver a las brujas para preguntarles que hechizo poderoso habían hecho, tenía curiosidad de saber por que su príncipe no había llegado al castillo por ella, y por que ellas si aparentemente eran tan poderosas con su magia, aún no se habían liberado ellas mismas.

 

Cuando llego al calabozo donde se encontraban, sintió mucho miedo pues recordaba lo feas que estas eran, pero su curiosidad era más grande, así que decidió abrir la puerta rápidamente, y ahí estaban, las doce brujas, al verlas se rieron de ella al verla que ya no era reluciente como la luna, y que ya más bien era un nudo de azúcar, ella se sintió muy mal de que las brujas se burlaran de ella que decidió retirarse.

 

Otro día decidió nuevamente ir a verlas para salir de su duda, y estando ahí les pregunto- brujas malvadas que poderoso hechizo han lanzado sobre mi y mi castillo que mi príncipe nunca llegó, qué han hecho para alejar a mi príncipe?

La bruja que se acercaba siempre a su balcón le contesto- princesa creo que has sido tu misma la que has alejado a tu príncipe, y has confundido belleza y fealdad.

 

La princesa no entendía nada de lo que la bruja le decía, así que pidió que fuera más explicita. La bruja la miro con compasión y le dijo princesa no te fijes en  las apariencias; sino en el interior y no confundas Bellaza y Fealdad para que puedas estar con tu príncipe.

 

Al no entender ni una sola palabra de o que la bruja le decía se fue del calabozo muy molesta y estando en su habitación no dejaba de llorar pensando que ya nada tendría solución.

 

Entonces mando llamar a Corín para contarle lo que las brujas le dijeron, y con mucha desilusión le dijo – Creo que me iré a un lugar diferente, a otro país donde no me derrita y pueda estar tranquila, ya no esperare al príncipe, y ya no tiene caso de tener a las brujas cautivadas, además no han hecho nada malo, solo ser lo que son, brujas, las brujas hacen hechizos y eso es lo que hicieron, así que no hay nada malo en ellas, además los glotones han aumentado en el país y yo me he convertido en una horrible glotona, ya no soy una digna princesa de azúcar, por otro lado las brujas son feas por fuera pero parece que son bellas por dentro, han aceptado mi reprimenda con humildad y no han tratado de escapar del feo destino que les asigné. Así que decidió personalmente ir a liberarlas.

 

Estando la princesa en las escaleras, pensó nuevamente lo que la bruja le dijo, y entonces pensó, no debo confundir belleza y fealdad, ellas aparentemente son feas pero en realidad son de buen corazón y con belleza interna, alomejor el príncipe vió como las trate y conoció mi horrible corazón. Cuando llegó al calabozo les dijo que las liberaría y los motivos que tenía para dejarlas libres.

 

Las brujas se sintieron muy felices y en muestra de agradecimiento hicieron un hechizo para regresar el tiempo, lo que hizo volver al principio, y así la princesa tuvo otra oportunidad para encontrar a su príncipe.

 

Así que mientras la princesa de azúcar soñaba con el día de la llegada de su príncipe, pero cada día que se asomaba al balcón lo único que podía ver era a las 12 brujas que salían cada noche para buscar a los glotones que estaban en el país del turrón, así que la princesa desde lejos observaba contenta como las brujas volaban por todo el castillo.

 

Y cada noche una bruja se trataba de acercar al balcón de la princesa. Monse que ya no les tenía miedo dejo que esa bruja se acercará y se asomara al interior de la ventana. La princesa convencida en la belleza interior de la bruja le dio un abrazo de agradecimiento por abrirle los ojos y enseñarle la diferencia entre la belleza externa y el interior y por darle una oportunidad para remendar su error. De pronto cuando la princesa le daba un abrazo sincero a la bruja, la habitación se iluminó y de pronto la bruja se volvió un apuesto príncipe, las 11 brujas restantes se quedaron siendo brujas y con risas que retumbaban por todo el país del turrón se fueron volando hacia la luminosa luna.

 

La princesa de Monse se quedo asombrada y el príncipe le comento que las once brujas lo hechizaron al ver que ella era una princesa glotona y vanidosa, para probarla. Pero como ella había rectificado su error el encanto se terminó.

 

Ahora el príncipe y la princesa de azúcar viven felices por siempre en el país de turrón y enseñan a todos que hay que fijarse en la belleza interior y no confundir belleza y fealdad.

 

 

Autor Elizabeth L. Mayer Granados

México