MEMORIAS
DE UN PERRO
Nací en el campo en casa de un señor que
tenía crianza de perros de raza. Allí con mis cinco hermanos estaba yo junto a
mi madre esperando el día que vinieran por nosotros o alguna persona que se
interesara por mí, como todos los demás perros. Era yo un perro no muy grande,
de color negro, de pelo largo y crespo.
Un día llegó la que habría de ser mi
ama, era ella una joven muy bonita, de trato muy agradable. Me tomó con mucha
suavidad y dijo: “Me quedo con éste”. Me envolvió en un chal porque hacía
frío, como si se tratara de un bebé, yo me sentí muy bien, me ll evó hasta
el auto, me puso en una canastita y se fue cantando con rumbo a la ciudad que
estaba muy cerca. Llegando a la casa me mostró toda su familia, que no eran
muchos, sus padres, sus hermanos, una criada, todos fueron muy cariñosos
conmigo y muy cui dadosos, en resumen, una familia encantadora, que vivían en
una casa grande, linda con jardines, patio donde yo podría correr, jugar con mi
ama; yo tenía una pieza chiquita, abrigada, confortable. Fui creciendo, mi ama
me cuidaba, me sacaba a pasear, m e llevaba a la peluquería donde me cortaban
el pelo, me hacía ponpones en mis patas, en mi cabeza y en mi cola; entonces mi
ama me ponía una chaqueta de niño, un gorro de lana y salía conmigo a visitar
a sus amigas.
Cuando yo tenía seis meses de edad, me
llevó a una escuela especial para perros; allí aprendí muchas cosas, por
ejemplo:obedecer órdenes, caminar en dos patas, sentarme, dar la mano. Al final
del curso, dí un examen donde salí muy bien, felicitaron a mi ama porque yo
era un perro inteligente, aprovechado, mi ama se sintió feliz.
Cada vez que me sacaba a algún lugar, mi
ama me ponía un traje nuevo, gorro y zapatos cuando había nieve; esto no me
gustaba mucho, pero ella era una niña muy buena y bondadosa, yo no quería
contrariarla en nada, por eso aceptaba que me tratara como a un niño.
Así pasó el tiempo, se fue el invierno,
vinieron los días hermosos de Sol. Un día me llevó donde la vecina que tenía
una gata que había tenido cinco gatitos. Cuando todos ellos crecieron un poco,
ella los regaló a todos, menos a una gatita blanca, que era muy linda e
inteligente que se llamaba “Mimí”; con ella nos hicimos grandes amigos, jugábamos
en el patio. Mimí subía con gran facilidad a un árbol, de allí pasaba al
techo de la casa; yo sólo la miraba porque no podía hacer lo mismo, pero un día
de scubrí una ventana en el segundo piso que daba al techo del primer piso
donde se iba Mimí a dormir, entonces salté por la ventana, corrí al lado de
ella y también me dormí. Después jugamos un rato y nos fuimos a nuestras
casas; esto se repetía todos los días en las tardes.
Así pasó el tiempo pasó la primavera,
llegó el verano, nosotros seguíamos correteando y jugando por el jardín.
Un día, la vecina llevó a Mimí a un
concurso de gatos de raza, con la seguridad que Mimí ganaría el primer premio
por su belleza e inteligencia. Una vez echa la presentación, Mimí fué
descalificada porque no tenía los ojos azules como era el reglamento. Ella tenía
unos hermosos ojos verdes, precioso pelaje blanco y muy inteligente, pero esto
no sirvió de nada para el jurado que determinaba. Yo pienso que ese jurado actuó
con mucha injusticia y discriminación, no sé por qué hay gente que hace
discrimina ción hasta con los animales. Pienso que no tan sólo la belleza es
importante; para mí es más importante la inteligencia. Mimí debió haber
ganado en ese concurso; pero ella se conformó y luego olvidó lo pasado.
Seguimos jugando en el jardín, subiendo a d ormir al techo a la sombra del árbol,
éramos felices.
Un día, mi ama me llevó al parque donde
se celebraba una gran fiesta; había competencias de juegos, mucha música,
algunos espectáculos artísticos. Llegamos a un campo de golf, donde había una
competencia, con grandes premios al ganador, nos acercamos a m irar, había
mucha gente, un hombre vestido con un suéter blanco, pantalones color naranja,
recogidos en la mitad de la canilla, con un yoqui blanco, zapatos blancos, un
guante blanco en la mano izquierda, calcetines a cuadritos en colores naranja y
café; le seguía un hombre con una gran bolsa muy pesada llena de bastones metálicos.
Se paró el hombre con un bastón, sujetó con las dos manos por delante, frente
a una pelotita blanca que estaba en el suelo, la golpeó fuertemente, ésta se
elevó en el a ire, yo salí corriendo tras la pelota para cogerla cuando
cayera, una vez en el suelo la tomé en mi hocico, corrí a entregársela a su
dueño antes que cayera a un hoyito con una bandera amarilla con algunas letras
y números negros, cuando llegué con la pel ota donde el dueño, éste levantó
el bastón y enfurecido quiso pegarme, pero yo fui más rápido, corrí a
refugiarme donde mi ama, todo el público se reía y aplaudían, mi ama me tomó
en sus brazos, salió corriendo conmigo; hasta ese momento no me había dado
cuenta de lo que hice, de lo contrario, yo mismo le habría puesto la pelotita
en el hoyo con la bandera y ese Señor no se habría enojado tanto, pero ya era
tarde.
Seguimos caminando, pasamos por muchos
lugares donde la gente se divertía jugando o bailando con las orquestas que habían,
de pronto llegamos donde se desarrollaba una competencia de cantantes, salió
una señora muy gorda que parecía que se iba a salir de l vestido, empezó a
cantar un trozo de ópera; esa música, la voz de la señora me pusieron muy
triste y empecé a aullar con todas mis fuerzas hasta que alguien gritó
indignado “Saquen a ese quiltro de aquí”.... Mi ama hubo de salir corriendo
conmigo, esta vez con rumbo a casa.
Llegamos a ésta, todo era silencio,
tranquilidad, la noche estaba calurosa, mi ama me llevó al jardín a descansar,
ella se sentó en una mecedora pero yo no descansaba, caminaba de un lado a
otro, tenía ganas de llorar, un presentimiento me embargaba; como si algo malo
iba a pasar; luego me eché al lado de mi ama y me dormí. Era ya muy tarde
cuando un ruido de una explosión me despertó, vi a mi ama corriendo hacia la
casa de mi vecina, mucha gente corría también, llegamos, la señora muy
asustada nos dijo: “explotó la caldera en el subterráneo, echó abajo un
pedazo de muralla. Fue terrible, yo me acordé que Mimí dormía en el subterráneo,
corrí allá, vi que los ladrillos habían caído justo en la camita de Mimí,
empecé a cavar con mis uñas hasta encontrarl a, la arrastré hacia afuera pero
ya era tarde, su cuerpo sin vida lo llevé a los pies de mi vecina que me miraba
aterrada y llorando tomó a su gatita, la examinó detenidamente, se dió cuenta
que realmente estaba muerta, luego la estrechó en su pecho, llor ando
amargamente.
Al día siguiente, mi vecina puso su gatita
en una caja blanca de madera, la llevamos al cementerio de animales, mi ama y yo
fuimos con ella; llegando allá, un hombre tomó la caja, la puso en un carrito
blanco, la llevó por un camino, nosotros lo seguimos muy tristes, luego se
detuvo bajo un árbol, depositó la caja cuidadosamente en un hoyo en la tierra,
la cubrió con tierra, mi vecina le puso una lápida con un epitafio que decía:
“los pájaros que anidan en este árbol, bajarán hasta tí para arrullar tu
ú ltimo sueño”. Luego nos alejamos de allí muy tristes.
Al día siguiente, yo me sentía muy solo,
no tenía con quien jugar, echaba de menos a mi amiguita; mi ama comprendió ésto,
me llevó a pasear a la playa que estaba lejos. Allá se encontró con unas
amigas que paseaban con sus niños, yo me fui a jugar con e llos a la pelota y
después con un disco que yo iba a buscar donde ellos la tiraran, para mí era
muy entretenido, seguimos jugando, los niños eran muy inquietos y gritones.
Después de un rato todos nos tendimos en la arena, entonces ellos empezaron a
tapa rme con arena, más arena, más y más. Luego me entró el pánico y recordé
una historia de unos niños estadounidenses que enterraron a la abuela en una
caja de arena hasta matarla porque querían deshacerse de ella. Me paré rápidamente,
corrí donde mi ama quien conversaba alegremente con sus amigas, cuando me vió
tan afligido, se despidió de sus amigas y nos alejamos caminando por la playa
contemplando el hermoso paisaje de atardecer; allá en el horizonte, el cielo
parecía que se iba sumergiendo en el agua , al mismo tiempo, se veía el sol
entre unas nubes como una fuente de oro que se hundía lentamente en las
profundidades del mar. Allá lejos, bandadas de aves regresaban a sus
respectivos nidos, una brisa suave empezaba a soplar, apuramos el paso, tomamos
el auto que nos llevaría de vuelta a casa.
Un nuevo día empezaba para nosotros, mi
ama leía en el diario que harían una exposición de perros de raza, que
estaban abiertas las inscripciones. Mi ama fue a inscribirme, empezaron los
preparativos para el día indicado; me llevó, como de costumbre, a l a peluquería.
Llegó el gran día para mí, yo estaba muy nervioso, igualmente mi ama.
Llegamos a un gran recinto con mucha gente,
muchas señoras con sus perros que los peinaban una y otra vez. Muchas damas y
caballeros muy elegantes que formaban la comisión de recepción y el jurado.
Empezó la presentación; la gente aplaudía, el jurado opin aba. Hasta que llegó
nuestro turno, mi ama me llevaba de la correa, íbamos corriendo cuando mi ama
tropezó en una alfombra, cayó en forma espectacular, los vestidos le llegaron
hasta arriba, se le vieron hasta los rosados con los bordados, en ese momento ,
se sintió como una explosión de risas y aplausos del público; yo seguí
corriendo solo, dí la vuelta completa, como si nada hubiera pasado, me detuve
frente al jurado, todos aplaudían, hasta el jurado y optaron por darme el
primer premio por ser un perr o disciplinado, obediente y muy inteligente,
premio que recibió mi ama muy orgullosa, no por lo que ella mostró, sino por
lo que yo demostré en un momento como ese, nos retiramos muy felices y
contentos a celebrar el acontecimiento en la casa.
Pasó el tiempo, los días, siempre los
mismos paseos por el parque, viajes a la peluquería y nada más.
Un día todo cambió; un gran ajetreo en la
casa, se preparaba una fiesta, un gran acontecimiento que cambiaría mi vida; mi
ama se casaba con un joven muy apuesto. Llegó el día de la boda, la ceremonia
se hizo en la casa, la cual estaba engalanada con much as flores, guirnaldas y
cintas blancas, lucía hermosa. Mi ama estaba más linda que nunca, llevaba un
traje blanco con una larga cola, un velo que caía desde su cabeza y bajaba
cubriendo toda la cola del vestido, en sus manos, un precioso buquet de flores
blancas. Habían muchos invitados, muchos niños que jugaban y corrían por el
jardín, yo observaba todo ésto desde el patio o echado por los rincones.
Mi ama y su marido partieron esa misma
noche en luna de miel, no volverían hasta dos semanas mas tarde, muy felices;
al poco tiempo después dió la noticia que iba a tener un bebé. Yo me alegré
mucho, mi ama estaba radiante de felicidad; pero ya no tenía t iempo para dedicármelo
a mí, fue pasando el tiempo hasta que llegó el día en que nació el bebé, fué
una linda niña, entonces decidieron mandarme a casa de la abuela, ella vivía
en el otro extremo de la ciudad, era una anciana muy bondadosa, muy buena conm
igo. Así fueron pasando los días, meses, años, mi vida se desarrollaba
tranquila y sin novedades; pero yo ya me estaba sintiendo un poco cansado,
viejo, aceptaba esa vida al lado de esa buena anciana.
La abuela amaneció enferma, vino el médico
a verla, le dejó algunos remedios, pero siguió enferma, mi ama venía todo el
tiempo a verla, yo me alegraba mucho cada vez que venía; ella se alegraba de
encontrarme siempre echado a los pies de la cama de la abu ela, yo buscaba ese
lugar porque estaba cerca de ella, esperaba que un día cualquiera se levantaría,
además la criada que entraba y salía nunca se disgustó por mi estadía allí;
ella comprendía por qué yo estaba siempre allí en el mismo lugar. Hasta que
un día pasó lo inesperado, me sacaron de la pieza, llegó mucha gente, todos
lloraban, también llegó mi ama con su marido, estaban muy tristes. Luego,
después pusieron a la abuela en una caja de madera y se la llevaron; entonces
comprendí que la llevaban al mismo lugar donde quedó mi amiga Mimí, sentí
mucha pena porque nunca más volvería a ver a la abuela.
Después de algunos días, llegó mi ama,
me puso la correa y me llevó de vuelta a mi antigua casa después de varios años,
me sentí muy feliz de encontrar todo igual en aquel lugar donde pasé parte de
mi vida; toda esa casa tenía recuerdos muy gratos para mí , me sentía
contento de llegar a esa casa donde pasaría el resto de mi vida en compañía
de mi nueva ama, una niñita de mas o menos seis años de edad, linda, bondadosa
y muy dulce conmigo; ella me acogió con mucho cariño, me trató como lo que
soy, un “perr o”, pero un perro que piensa en otros perros de otros países
donde la gente es muy pobre, no tienen donde vivir, no tienen que comer,
entonces los perros salen a las calles a buscar alimento, todos sucios, llenos
de pulgas, expuestos a todos los peligros, la gente les pegan los vehículos los
atropellan; cuando los matan, los tiran a la basura, lo mismo pasa con los
gatitos, sus amos nunca saben de la suerte de sus animalitos. Es muy triste
pensar en ésto; solamente los animalitos cuyos amos son gente ad inerada tiene
suerte de tener una vida mejor; si se enferman, el veterinario va a verlos a sus
casas, les dan remedios, los cuidan hasta que se mejoran, si se mueren, los
entierran en el jardín de la casa.
Yo reconozco que soy un perro con mucha
suerte de haber nacido aquí en este país.