JUAN
Y LOS FRIJOLES MAGICOS
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JUAN Y LOS FRIJOLES MAGICOS
Erase una vez una pobre viuda sola con su
hijo único, Juan. Eran tan pobres que solo tenían leche y pan para comer. Un día
se vieron en la necesidad de vender la única vaca que tenían.
Lleva la vaca al pueblo - dijo la madre a
su hijo-, y trata de obtener un buen precio.
-Deacuerdo, madre- respondió Juan.
El joven se dirigió hacia el pueblo para
vender la vaca. Por el camino Juan encontró a un hombre con un traje remendado,
una capa y un sombrero de punta adornado con una larga pluma verde.
-¡Que hermosa vaca! -le dijo el
extranjero.
-Esta para la venta- respondió Juan. Te la
compro respondió el extranjero.
El hombre saltó de la rama en el que
estaba sentado, abrió un séquito que tenia colgado al cuello y saco cinco
secos de diferentes colores. Juan nunca había visto ese tipo de frijoles.
-¿Frijoles?- pregunto Juan vacilante.
-Son todavía mejores que el dinero-
respondió el extranjero-. Estos no son frijoles comunes; son mágicos.
Como Juan no desconfiaba de la gente, le
creyó al extranjero y acepto los frijoles a cambio de la vaca.
-¿En que estabas pensando Juan? -gritó la
madre cuando su hijo le mostró los frijoles mágicos. ¡Ahora no tenemos ni
vaca ni dinero! ¡Que tonto eres!
De un gesto furioso, la pobre mujer lanzó
los frijoles por la ventana y envío a Juan a la cama sin darle tan siquiera un
trozo de pan.
Avergonzado, Juan no lograba conciliar el
sueño. "Tengo que encontrar una forma de recuperar la vaca", se
dijo.`
A la mañana siguiente, Juan corrió al
jardín para buscar los frijoles mágicos. Cual no seria su sorpresa que al
descubrir que durante la noche, los frijoles habían germinado y crecido tan
alto que se perdían en las nubes.
Me será muy fácil subir, penso Juan, y
decidió ir a ver donde conducía el tallo de los frijoles mágicos. Comenzó a
subir hasta que al mirar hacia abajo, vio su casa tan pequeña como una casa de
muñecas.
Sin embargo por mas que subía. No
alcanzaba a ver el final de la planta de frijol. Pero como estaba decidido a
llegar, continuo trepando sin atreverse a mirar abajo por temor a marearse.
Juan llegó por fin a lo mas alto de la
planta y miro a través de una enorme nube y vio un país maravilloso.
-¿Dónde estoy?- se preguntó.
En eses momento un hada azul apareció
delante de sus ojos.
-¿Ves ese castillo? -le preguntó-. Antes
perteneció a un valiente caballero. Pero una noche, mientras dormía, un ogro
lo mato y se apodero del castillo. Por fortuna, la esposa del caballero y su
hijo, que estaban ausentes en ese momento del drama pudieron salvarse.
-Esa señora es tu madre Juan, y tú eres
el heredero del castillo.
-¿Mi padre era un caballero? -preguntó
Juan con los ojos muy abiertos.
-Si, hijo mío - respondió el hada azul. Y
ahora, es tiempo de que recuperes lo que te pertenece para que se lo des a tu
madre.
Diciendo esto el hada desapareció entre
una nube.
Que extraño lugar -se decía Juan mientras
se dirigía hacia el castillo.
Cuando llego a la entrada tuvo mucho miedo.
Las enormes puertas estaban abiertas y una tenue luz llegaba del interior.
Juan sintió un olor de carne asada.
"No debo tener miedo", se dijo Juan, y entro en punta de pies. Camino
hasta un gran salón donde había una enorme mesa y un enorme sillón. Se disponía
a dar otro paso cuando oyó otro ruido como un trueno y ene ese momento el piso
se puso a temblar como un barco mecido por la tempestad. Juan sintió tanto
miedo, que corrió a esconderse.
Era el ogro que llegaba. Era tan grande que
su cabeza casi tocaba el techo. Tenia un aspecto cruel y malvado y cuando abrió
la boca, Juan vio que tenia dientes afilados como cuchillas.
-Grrr..., huelo a carne humana -gruñó el
gigante
-¡Imposible!- respondió su esposa desde
la cocina -. El olor que te llega es el de tu comida. Siéntate y te la serviré
-le dijo mientras colocaba sobre la mesa veinticinco pollos asados.
El ogro comía con voracidad y bebía
enormes cantidades de vino. Juan lo observaba por el ojo de la cerradura
temblando de miedo.
Saciado su apetito, el ogro, el ogro le
pidió a su esposa que le llevara la gallina de los huevos de oro. La mujer
regresó con una gallina parda que coloco sobre la mesa.
-¡Pon!- le ordeno y la gallina puso
inmediatamente un huevo de oro. El ogro soltó una risotada de satisfacción que
hizo temblar todo el castillo.
--Pon- grito nuevamente. Y la gallina puso
otro huevo de oro.
Al cabo de un rato, el ogro bajo la gallina
al suelo y se quedo profundamente dormido. Juan, sin perder un segundo, cruzó
de puntillas la habitación, se apodero de la gallina y salió huyendo.
Después corrió hacia la mata de frijol y
bajo por ella lo más rápido que pudo.
-¡Mamá! ¡Mama!-. Mira esta gallina. ¡Es
una gallina mágica!
-Al fin podré preparar una deliciosa cena
-exclamó la madre de Juan.
- ¡Oh no, mama! No la puedes cocinar. ¡Pone
huevos de oro! Dijo Juan mientras la colocaba sobre la mesa.
La gallina puso inmediatamente un huevo de
oro, Juan le contó a su madre la historia del ogro y del hada azul. Al oír
esto, la mujer inclino la cabeza.
-Es cierto hijo mío. Tu padre era un
valiente caballero.
-Entonces, voy a regresar a allá arriba
-decidió Juan.
Y antes que su madre tuviera tiempo de
detenerlo, Juan comenzó a trepar nuevamente por la mata de frijol.
Juan se encontró de nuevo en el castillo y
corrió a esconderse.
-Grrr... ¡huelo a carne humana! Gritó el
ogro- me encantan los niños asados -dijo a su esposa.
-Pues bien tu no harás asar uno en esta
casa -respondió la mujer-. No he visto a un niño aquí desde hace siglos. Debe
ser el olor del cordero asado. Siéntate y te lo traeré inmediatamente.
Juan vio como el ogro devoraba seis
corderos. Cuando hubo terminado, pidió cuatro litros de vino que bebió en un
santiamén.
Una vez satisfecho su apetito, empezó a
contar las monedas de oro que tenia en un saco. Este trabajo le tomo mucho
tiempo porque no sabia contar muy bien. Juan vio otros sacos con monedas que
estaban amontonados en el suelo.
El ogro, muy cansado, instaló un arpa de
oro frente a él.
- Toca una canción de cuna- le ordenó.
El arpa empezó a tocar la más hermosa
melodía que Juan había escuchado en su vida.
Cuando el ogro empezó a roncar, Juan salió
con mucho cuidado de su escondite, agarró un saco con monedas de oro, el arpa y
empezó a correr hacia la mata de frijol.
Pero una sorpresa lo esperaba: el arpa
comenzó a gritar:
-¡Auxilio amo sálveme!
-No grites por favor. No te haré ningún
daño- le suplico Juan.
Pero era demasiado tarde. El ogro se
despertó, se levanto de su asiento y de un salto llego a la puerta. Al
descubrir al ladronzuelo, grito tan fuerte que varios relámpagos rasgaron el
cielo.
Juan era muy ligero, pero el ogro con sus
zancadas estaba cada vez mas cerca y casi lo atrapa, pero por fortuna tropezó
contra una piedra y cayo al suelo cuan largo era.
Juan se precipito hacia la mata de frijol y
comenzó a bajar apresuradamente por ella. Cuando llego a su jardín, alzo la
vista y se dio cuenta que el ogro se disponía a bajar tras él.
-¡Rápido madre! -gritó Juan- ¡Tráeme
el hacha!
Su madre corrió hacia él, con el hacha en
la mano. En el preciso momento en que el ogro asió el tallo el corte certero de
Juan lo hacia desplomar con el pesado ogro aferrado a él.
--¡Apártate madre!- grito Juan.
En cosa de segundos, el ogro cayo
estrepitosamente al fondo de un barranco perdiendo la vida instantáneamente.
Quedo en el aire una gran polvareda y el eco del ultimo rugido del malvado. El
larguisimo tallo parecía una enorme serpiente verde reposado en el suelo.
Juan y su madre no se habían recuperado
del susto, cuando apareció delante de ellos el hada azul.
-Eres tan valiente como tu padre- le dijo-
y mereces que se te devuelva tu castillo y sus riquezas.
En ese momento el castillo se materializo
en el mismo lugar donde antes se encontraba su choza.
El arpa empezó a tocar complacida al
reconocer el rostro de la madre de Juan. Los ojos de esta ultima se iluminaron
de felicidad y hasta sus arrugas desaparecieron. Por primera vez en muchos años
pudo sonreír.
Gracias a las monedas y a los huevos de
oro, Juan y su madre vivieron en abundancia. Para completar su felicidad, la
hermosa arpa de oro lleno sus corazones de gozo.
FIN