EL
HOMBRE DE LOS MUÑECOS
Autor: Miguel Ángel Martínez Gómez
e-mail: mamg@redestb.es
Era un pueblecito tranquilo, en que nunca
pasaba nada, las montañas lo cubrían, el aire de la sierra bajaba tranquilo, y
los habitantes acudían a trabajar en el campo como todos los días y los niños
iban al colegio jugando por el camino.
Un día Pedro y Luis iban hacia el colegio
cuando vieron un cartel en el que se anunciaba un teatro de guiñol, el titulo
era El principe y la panadera.
Enseguida le dijo Pedro a Luis:
P.- Mira Luis, es un teatro de guiñol,
podremos ir al salir del colegio.
L.- Me parece bien, se lo diré a mi madre
por si me deja y me da el dinero para verlo.
P.- De acuerdo pasaré por tu casa a las
cinco para recogerte.
L.- Esta bien así lo haremos.
A las cinco en punto estaba Pedro en casa
de Luis, tan puntual como un reloj, no quería perderse el teatro de guiñol,
hacía bastante tiempo que no iba uno así por el pueblo.
P.- Hola, Luis, ¿ Nos vamos ?
L.- Espera un momento tengo que coger algo
para merendar.
P.- Anda, a mi se me olvidó cogerla.
L.- No te preocupes, repartiremos la mia.
Como un rayo, cogieron la calle abajo y
salieron corriendo, no querían perderse nada del teatro.
Cuando llegaron a la plaza del pueblo, el
teatro estaba instalado, sus cortinas rojas despedían el sol de la tarde y los
niños se agolpaban en el suelo.
Un payaso cobraba la entrada en una
improvisada valla de madera, nuestros dos amigos, pagaron su entrada y se fueron
corriendo a coger sitio.
La obra estaba a punto de comenzar...
Niños y niñas con ustedes el Principe
encarnado...
Se oyeron risas y un murmullo cuando salió
la panadera. Un pelo rubio hecho de gruesas cuerdas cubría su cabeza.
La función transcurrió muy tranquila los
niños reían las ocurrencias del príncipe y de la panadera.
Cuando acabó la función Pedro y Luis
quisieron conocer como era el teatro por detrás, y se dirigieron al señor de
que llevaba y manejaba los muñecos:
P.- Oiga, nos gustaría saber algo de los
muñecos, cómo se hace un teatro y esas cosas.
S.- Pues habeis venido al lugar adecuado.
El hombre les empezó a explicar cómo se
hacía el teatro, los muñecos, las voces...
Los niños estaban entusiasmados, casi sin
darse cuenta se hizo de noche. El hombre entró dentro de su carromato y los
llamó para enseñarles algo muy interesante.
De entre unos estantes sacó un spray y lo
roció sobre Pedro y Luis, al instante estos quedaron convertidos en muñecos,
aquello eran dos muñecos de guiñol, autenticos, nadie podría sospechar que
habían sido dos niños.
El hombre se rió , y gritó :
S.- Por fin, ya tengo los dos personajes
que me faltaban para mi obra cumbre.
Aun con el eco de las risas del hombre
resonando en la plaza, abandonó el pueblo.
En casa de Pedro y Luis, sus padres
empezaron a preocuparse y salieron a buscarlos.
Fueron a la plaza ,preguntando a todo el
mundo nadie los había visto, se llegaron a todo el pueblo , pusieron en alerta
a la policía.
Cuando la policía empezó a investigar,
descubrieron que los niños habían hablado con el hombre de los muñecos.
Por fin despues de mucho buscar hallaron al
hombre en un pueblo próximo, pero no pudieron encontrar nada , nadie podía
sospechar de unos muñecos de guiñol que se parecían mucho a Pedro y Luis.
El hombre fue con sus muñecos a todos los
pueblos representando su obra, la que había estado soñando siempre, y Pedro y
Luis sin poder moverse, cansados de tanto hacer la misma obra.
Los padres resignados dieron por perdidos a
los dos niños.
Un día el hombre del teatro de guiñol,
pasó por el pueblo de Pedro y Luis, a representar su obra.
Los padres de nuestros dos amigos
recordando que sus hijos habían desaparecido el día en que el teatro llegó al
pueblo, fueron a ver la obra.
En un momento de la obra y cuando Pedro y
Luis estaban representando, Pedro vió a sus padres y a pesar de ser un muñeco
y no poderse mover, le cayó una lagrima por la mejilla, los padres al ver
aquello se fueron hacia el hombre que estaba moviendo aquellos muñecos y le
gritaron, ¡Ese es Pedro nuestro hijo!, pero no, no puede ser, es un muñeco.
LLorando se arrodillaron ante el teatro de guiñol, el hombre no pudo aguantar más
y a pesar de perder su obra, de no poder representarla más , les confesó la
verdad a los padres y roció de nuevo el spray sobre Pedro y Luis y al instante,
estos saltaron a abrazarse a sus padres, llorando. Aquello era una fiesta todo
el pueblo saltando de alegría. Al hombre se lo llevó la policía. Los padres
se apiadaron de él y lo perdonaron. El padre de Luis que era carpintero le
construyó dos muñecos identicos a Pedro y Luis , y desde entonces el hombre
recorre los pueblos con su obra de guiñol, haciendo felices a los niños.