LA GOMITA FELIZ

 

 

Me sentía realmente mal y, como comprobó mi mami con el termómetro, mi temperatura era casi de 39 grados. Con razón me dolía la cabeza y sentía mi cuerpo cortado. Así es que rápidamente me hizo tomar un baño tibio, que no me gusta para nada, pero que me baja la temperatura y me metí a la cama, donde el sueño se apoderó de mí.

No recuerdo lo que soñé, pero me despertaron unos ruidos sobre mi escritorio. Pensé que era mi gato, descubriendo cosas entre mis útiles, así es que me enderecé un poco, para llamarlo y hacer que se bajara.

Pero no era mi gato, sino que todo el ruido lo hacían mis útiles que salían poco a poco de mi estuche. Me quedé casi moverme y vi con gran asombro, como los lápices de colores, grandes y chicos, mi sacapuntas con su enorme boca abierta y lista para dejar los lápices con buena punta, mi regla de color verde, todo iba saliendo; hasta los cuadernos y los libros de trabajo se sumaron al desfile.

Cada cosa caminando sobre sus pequeños pies y ayudándose de sus manitas, tan chiquitas pero tan diestras.

Jamás había visto algo parecido. Hice un ruido como si me estuviera moviendo dormida y entre ojos, vi como todas las cosas volvían a ser como siempre, simplemente, los útiles de la escuela. Me acomodé mejor y me puse a espiar; me preguntaba qué podría seguir.

Cada una de las cosas, bajaron deslizándose por una de las patas del escritorio y muy despacio, empezaron a subirse a mi cama. Todos y cada uno, se instalaron sobre mi colcha de colores y allí se quedaron, comentando entre ellos, todo lo mal que me veía.

- No podrá ir a la escuela por varios días - dijo el bicolor.

- Con esa fiebre tan alta, debe descansar lo más posible - agregó el sacapuntas.

- ¡Pobre! ¿Pero se va a mejorar pronto? - preguntó el lápiz rosa, que se agarró de la mano del lápiz celeste, que a su vez tomo la mano del verde.

- ¡Claro que sí! - respondió el cuaderno de matemáticas - si su mamá ya le dio las medicinas.

Me dio tanto gusto saber que hasta mis útiles estaban preocupados, pero deseando que me recuperara luego. Abrí los ojos, como si recién viniera despertando y, como los útiles se colocaron en su estado real, comenté, para que ellos me escucharan:

- ¡Qué bueno que tengo todas mis cosas a la mano! Debe haber sido mi mami quien los trajo. Ahora que me siento un poquito mejor, voy a dibujar un rato.

Empecé a revisar que todo estuviera a la mano y muy pronto me percaté que la goma no estaba allí. La verdad es que no me gusta usar la goma, porque pierdo mucho tiempo en borrar y volver a escribir, así es que muchas veces, tacho lo malo y sigo con mi tarea.

Pero de todos modos, dije:

- ¡Qué raro que mi goma no esté aquí! Ni tampoco mi estuche para guardar todo.

Escuché una carraspera muy suave, tomé el sacapuntas porque me di cuenta que había sido él, y le pregunté:

 - Oye sacapuntas, ¿tú sabes por qué no está mi goma junto con ustedes? - y agregué - yo sé que tú sabes. Dímelo por favor. ¡Ah! Si pudieras hablar para decirme por qué la gomita no está por acá con todos ustedes. Quizás cree que no la quiero mucho porque casi no la uso.

Y entonces, con una voz muy suave, el sacapuntas dijo:

- Tienes razón, la goma no quiso venir porque dice que tú nunca la usas.

- Es que me da flojera tener que borrar y volver a escribir encima, no queda bonito y hasta se me ha roto el cuaderno muchas veces - le dije, como si no me asombrara hablar con él.

- Debes borrar con más cuidado y siempre en una misma dirección. Cuando lo hagas así, tu cuaderno quedará limpio, sin borrones que lo afeen y podrás tener una mejor presentación en tus trabajos - agregó el sacapuntas y volviendo su cabeza, preguntó - ¿tú qué dices bicolor?

Cuando los demás útiles se dieron cuenta de mi conversación con el sacapuntas, se acercaron más, todos como personitas, todos en mi cama, acompañándome y listos para estar a mi disposición para dibujar.

- Creo que es mejor preguntarle a la goma - dijo el bicolor y acto seguido, lanzó un grito que alertó a la goma, que rápidamente empezó a bajar por la pata del escritorio y corriendo llegó al borde de la cama, desde donde subió agarrándose de la colcha.

- Es cierto que no querías venir a verme - le dije - pero es que tenía miedo de romper mis cuadernos si los borraba mucho. Pero ahora el sacapuntas me dijo cómo debo usarte para que todos mis trabajos se vean mejor ¿Me ayudas, por favor?

- Encantada de poder servirte - dijo la gomita, con una amplia sonrisa - verás cómo tus trabajos mejoran mucho.

Un cuaderno se acercó y abriendo sus hojas, dijo:

- Pueden empezar conmigo, estoy seguro que me veré mucho mejor.

Y en un cuadro bastante poco usual, me enderecé un poco y comencé a borrar siempre en una sola dirección, con el aplauso de los demás útiles, todos los tachones que había en la página abierta. Los lápices se acercaban, la regla acostada sobre las páginas, me ayudaba a dibujar las líneas derechas y los colores se apretujaban para ver mejor.

Poco a poco el cuaderno fue luciendo de una forma totalmente distinta. Al terminar, todos aplaudimos, nos reímos y yo estaba realmente feliz. Con el ruido, mi mami abrió la puerta del cuarto y me preguntó si me encontraba bien, a lo que respondí:

- Estoy trabajando con todos mis útiles. No vas a creer al ver mi cuaderno, ¡mira qué lindo quedó! - y se le entregué para que ella misma lo comprobara.

- ¡Realmente qué bonito! Me alegra mucho que por fin te decidieras a usar tu goma. Y las líneas todas derechas y los colores que usaste. Ahora cuéntame ¿cómo le hiciste para dejarlo tan bonito? ¿Qué fue lo que te decidió a usar bien tus útiles?

Y yo guiñando un ojo a los útiles desparramados encima de la colcha, le respondí:

- Debe haber sido la fiebre que tuve porque soñé que la gomita estaba muy triste y todos mis útiles pensaban que no los quería. Pero sí los quiero y mucho. Ahora voy a dibujar mucho más.

- Y más pronto te vas a mejorar porque estoy segura que te vas a divertir mucho - dijo mi mami - acomodándome las cobijas. Y agregó antes de salir del cuarto - si necesitas algo, me avisas, por favor.

- Tiene mucha razón tu mami - dijo mi lápiz de dibujo - si estás bien, si te sientes bien, te vas a mejorar muy pronto, así es que entre todos vamos a ponernos a trabajar en arreglar los demás cuadernos para que queden todos muy bonitos.

- ¡¡ Sí!! - les dije - vamos todos a trabajar en equipo. Realmente no sé cómo pude dejarlos tan de lado, pero ahora todos ustedes serán mis mejores amigos y mis trabajos serán los más bonitos de todo el salón.

Y estuvimos mucho tiempo trabajando y dibujando. Cuando me cansé un poco, ya el estuche estaba a mi lado y allí acomodé todos mis útiles, dándole a cada uno las gracias por permitirme aprender más.

En la tarde cuando llegó mi papi, le mostré todo lo que habíamos hecho, y le comenté cómo me habían ayudado todos mis amigos, lo que el sacapuntas me había enseñado, cómo aprendí a sostener la regla, cómo los colores estaban listos para iluminar y cómo, por fin, nos habíamos hecho muy amigos, la gomita y yo.

Mi papi me enredó los cabellos con su mano derecha, me felicitó por todo lo hecho y agregó:

- Luego felicitas también a tus amigos por haberte ayudado. Pero lo más importante es que ahora sabes usar tus útiles de manera que puedas realizar mejor tus trabajos. Y cuídalos, por favor, ya ves todas las cosas lindas que puedes hacer, si tienes tus útiles a la mano, siempre ordenados y en buenas condiciones.

- Ahora son mis amigos - comenté con orgullo - y a los amigos hay que cuidarlos, como tú siempre dices. ¿Puedo ir a la escuela mañana temprano?}

Mis papás se miraron entre sí y se rieron. Yo también me reí porque era la primera vez, que quería ir a la escuela más temprano.

Cecilia Poblete Ibaceta – Chilena