El Gran Milagro
Autor: Vilma M. Zevallos
En
un precioso y frondoso árbol nació un alegre y risueño gusanito llamado Nano.
Un habitante que dio mucho de que hablar en el bosque. Es que desde que nació,
Nano siempre se ha portado distinto de los demás gusanos. Caminaba más
despacio que una tortuga, tropezaba en casi todas las piedras que encontraba por
delante, y cuando intentaba cambiar de hojas......¡qué desastre!....siempre se
caía. Por esa razón, la colonia de los gusanos le llamaba de gusanito
torpecillo.
A pesar de las burlas de sus compañeros, Nano mantenía siempre su buen humor.
Y se divertía mucho con su torpeza. Pero un día, llegado el otoño,
mientras Nano se daba un paseo por los alrededores, una gran nube cubrió
rápidamente todo el cielo, y una gran tormenta se cayó. Nano, que no tubo
tiempo de llegar a su casa, intentó abrigarse en una hoja, pero de ella se
resbaló y acabó cayéndose al suelo, haciéndose mucho daño. Había roto una
de sus patitas, y se había quedado cojo. Pobre gusanito... torpecillo y cojo.
Agarrado a una hoja, Nano empezó a llorar. Es que ya no podía jugar, ni irse
de paseo, ni caminar...
Pero, una noche, cuando Nano estaba casi dormido, una pequeña luz empezó a
volar a su alrededor. Primero, pensó que sería una luciérnaga, pero la luz
empezó a crecer y a crecer... y de repente, se transformó en un hada vestida
de color verde. Nano, asustado, le preguntó:
- Quién eres tú?
Y le dijo la mujer:
- Soy un hada y me llamo naturaleza.
- Y porque estas aquí? Preguntó Nano.
- He venido para decirte que cuándo llegue la primavera, ocurrirá un milagro
que te hará sentir la criatura mas feliz y libre del mundo. Explicó el hada.
- Y ¿qué es un milagro? Continuó Nano.
- Un milagro es algo ¡extraordinario, estupendo, magnífico!...... Explicó el
hada y, enseguida desapareció.
El tiempo pasó y llegó el invierno. Pero Nano no ha dejado de pensar en lo que
había dicho el hada. Ansioso por la llegada de la primavera, Nano contaba los días,
y así
se olvidaba de su problemita. Con el frío, todos los gusanos empezaron,
con un hilillo de seda que salía de sus bocas, a tejer el hilo alrededor de su
cuerpo hasta formar un capullo, o sea, una casita en la que estarían encerrados
y abrigados del frío, durante parte del invierno.
Al cabo de algún tiempo, había llegado la primavera. El bosque se vistió de
verde, las plantas de flores, y finalmente ocurrió lo que el hada había
prometido... ¡El gran milagro!
Después de haber estado dormido en su capullo durante todo el invierno,
Nano se despertó. Con el calor que hacía, el capullo se derritió y
Nano finalmente pudo conocer el milagro. Nano no solo se dio cuenta de que
caminaba bien, sino que también tenía unas alas multicolores que se movían y
le hacían volar.. Es que Nano había dejado de ser gusano y se había
convertido en una mariposa feliz, y que ya no cojeaba.