EL
CORDERO QUE TENIA LA LANA DORADA
Autor : Idries Shah.
EL CORDERO QUE TENIA LA LANA DORADA
Había una vez un hombre pobre que tenía un hijo. Cuando
este creció su padre le envió a buscar un trabajo. El chico viajó buscando un
lugar y al fin encontró a un hombre que le dio trabajo como pastor.
Al día siguiente su patrón le dio una flauta y le envió
con las ovejas para ver si el trabajo era apropiado para él. El muchacho no
descansó en todo el día. Al contrario que otros chicos perezosos, llevó las
ovejas de un lado a otro mientras tocaba la flauta.
Entre las ovejas había un cordero de lana dorada que
cuando oía la flauta se ponía a bailar. El muchacho le tomó mucho cariño y
decidió que no pediría a su patrón más paga que aquel corderito.
Al anochecer volvió a casa, el amo esperaba en la puerta y
cuando vio a todas las ovejas y bien alimentadas, quedó muy complacido, por lo
que empezó a negociar la paga con el muchacho. Este le dijo que no quería más
que al cordero de lana dorada. Al granjero también le gustaba mucho el cordero,
pero acabó prometiéndoselo, aunque de mala gana, al ver lo buen pastor que era
el muchacho.
Así pasó un año, al cabo del cual el muchacho recibió
al cordero como paga y partió con él. Caía la noche cuando llegaron a un
pueblo y fueron a una posada a pasar la noche. En la casa había una muchacha
que cuando vio la cordero con la lana dorada decidió robarlo. A mediada noche
se acercó a él, pero en el momento que tocó el cordero se quedó pegada
firmemente a su lana, así que cuando el chico se levantó, la encontró pegada
en el cordero. No pudo separarlos, y como no quería abandonar su cordero se los
llevó a los dos.
Cuando pasó por delante de la tercera puerta desde la casa
donde había pasado la noche, sacó su flauta y empezó a tocar. Entonces el
cordero empezó a bailar, y la muchacha pegada a su vellón también.
A la vuelta de la esquina una mujer estaba metiendo el pan
en el horno; al mirar hacia arriba vio al cordero bailando y, pegado a él a la
muchacha. Cogiendo la pala del panadero para asustar a la muchacha salió
corriendo y gritando "vuelve a casa y deja de hacer el tonto". Como la
chica seguía bailando, la mujer gritó, "¿qué, que no nos vas a
obedecer?" y le dio un golpe en la espalda con la pala, que en el mismo
momento se pegó a la chica, por lo que la mujer se quedó pegada a la pala, que
estaba pegada a la chica, y esta al cordero de lana dorada. Y con todos ellos el
muchacho partió.
Siguiendo su camino llegaron a la Iglesia. El muchacho
empezó a tocar de nuevo y el cordero comenzó a bailar y pegada a la lana la
chica, y en la espalda de la chica la pala y al final de la pala, la mujer. En
un momento el cura salió de maitines y al ver lo que pasaba, empezó a regañarles
y mandarles no hacer tonterías e irse a casa. Como las palabras no hacían
efecto, él golpeó sonoramente a la mujer en la espalda con su bastón, pero,
para su sorpresa, el bastó se pegó a la mujer y el se quedó pegado al extremo
del bastón.
Con esta divertida compañía, el muchacho continuó; era
de noche cuando llegó a la capital del reino y buscó alojamiento en casa de
una anciana mujer. ¿Qué noticias hay por aquí? Preguntó el pastor. La
anciana le contó que sucedía una gran desgracia; la hija del rey estaba muy
enferma y ningún médico podía curarla, pero si alguien podía hacerla reír
se pondría bien inmediatamente. Nadie había podido aún hacerla sonreír y
tanto era así que el rey había hecho un anuncio, proclamando que el que
hiciera reir a su hija la tomaría por esposa y compartiría el poder real.
El muchacho a duras penas pudo esperar hasta la mañana
siguiente, tan ansioso estaba de probar su suerte. Por la mañana se presentó
al rey, explicó sus deseos y fue recibido amablemente. La hija del rey estaba
en la entrada del palacio; el pastor entonces comenzó a tocar la flauta. El
cordero de lana dorada se puso a bailar, pegado a su lana la chica, en la
espalda de la chica la pala, al final de la pala la mujer, en la espalda de la
mujer el bastón y al final del bastón, el cura.
Cuando la princesa vio esto rompió a reír, lo cual puso
al cordero de lana dorada tan contento que se sacudió todo del lomo, y el
cordero, la chica, la mujer y el cura empezaron a bailar por su cuenta muy
contentos.
El rey casó a su hija con el pastor, el cura fue nombrado
capellán de la corte, la mujer panadera real y la chica dama de compañía de
la princesa.
La boda duró siete días con sus respectivas noches y todo
el país estaba desbordado de alegría, y si las cuerdas de los violines no se
hubiesen roto ¡aún estarían bailando!.
Fin.