Autor: Desconocido.
BLANCA
FLOR
BLANCA FLOR
Hace mucho tiempo había una reina tan hermosa como
vanidosa. Tenía esta reina una hijita llamada Blanca Flor.
Blanca Flor era también muy bella y su hermosura aumentaba
según iba creciendo.
La reina, para satisfacer su vanidad, tenía un espejo mágico
que consultaba diariamente preguntándole siempre, -¿Quién es la mujer más
hermosa del mundo?- A lo cual contestaba el espejo: - Tú, solo tú.
Pasaron los años y creció Blanca Flor, siendo cada día más
hermosa.
Un día la reina hizo su pregunta acostumbrada al espejo,
pero éste le contestó: -Blanca Flor.
La reina azorada por la contestación volvió a preguntar:-
Espejo, ¿quién es la mujer más hermosa del mundo?
Llamó la reina a uno de sus criados que en otras ocasiones
le había ayudado en sus maldades, y que le era muy fiel, y le dijo:
- Juan, es necesario matar a Blanca Flor.
-¡Pero Majestad!.. Dijo el criado verdaderamente
sorprendido.
-¡Ni una palabra más! Exclamó la reina. -Mañana
temprano quiero que te lleves a Blanca Flor al bosque y allí la mates. Quiero
que me traigas pruebas de que me has obedecido.
Al día siguiente Juan invitó a Blanca Flor al bosque a
cortar flores. Mientras caminaban, Juan, lleno de compasión, admiraba la
belleza angelical de la princesita y no pudiendo soportar aquel martirio que
sentía le dijo a Blanca Flor:
- Mi princesa, tu madre quiere deshacerse de ti y me ha
ordenado que te mate aquí en el bosque. No puedo hacerlo porque tu siempre has
sido muy buena conmigo. Sin embargo, si regreso al palacio sin pruebas de que he
cumplido su orden, la reina me mandara matar.
Blanca Flor caminaba tristemente sin responder, pero luego
Juan le dijo:
- Dame algunas de tus ropas. Voy a matar un conejo y
empapando tu ropa con su sangre se la llevaré a la reina.
Cuando estuvo todo preparado, le dijo el criado a la
princesita:
- Ahora, vete con Dios.
Blanca Flor agradeció al criado lo que había hecho y se
fue caminando hasta internarse en el espeso bosque. Llegó la noche y Blanca
Flor tenía miedo que las fieras le fueran a matar. De repente vio una lucecita
entre los árboles. Corrió hacia ella y pronto llegó a una choza. Tocó a la
puerta pero nadie contestó. Abrió la puerta y entró. Ante sus ojos estaba una
mesa bien servida. Blanca Flor tenía tanta hambre que primero comió y después
le dio gracias a Dios. Ya estando satisfecha, se acurrucó junto a la estufa y
se quedó dormida.
La choza que había encontrado Blanca Flor pertenecía a
unos ladrones.
En la madrugada llegaron los ladrones a su casa y cual sería
su sorpresa al ver a Blanca Flor dormida junto a la estufa.
Al ruido que hicieron los ladrones Blanca Flor despertó.
- No temas, niña, - dijo el jefe de los ladrones, - no te
haremos ningún daño.
Estos ladrones eran buenos de corazón, ya que robaban para
ayudar a la gente pobre.
Blanca Flor viendo que los bandoleros eran gente realmente
de buen corazón, les contó lo que le pasaba.
- Te puedes quedar aquí con nosotros, - dijo el jefe de
los bandidos, - Nosotros ya sabíamos lo malvado que es tu madre. Pero, ten
cuidado, que si sabe la reina que aun estas sana y salva, te seguirá hasta que
logre deshacerse de ti.
Mientras esto sucedía a Blanca Flor, el criado Juan había
llegado al palacio. Allí le mostró a la reina la ropa de Blanca Flor que había
ensangrentado con la sangre del conejito.
La reina se llenó de júbilo y colmó a Juan de bienes.
Esa noche al acostarse, la vanidosa reina consultó su espejo mágico.
- Espejo mágico, ¿quién es la mujer más hermosa del
mundo?
- Tu hija Blanca Flor, contesto el espejo.
Sorprendida y llena de rabia, a reina ordenó a sus
soldados que fueran a traer a Juan.
- Juan, - dijo le reina, -me has mentido. Blanca Flor vive.
- Pero Majestad..., empezó a decir Juan, y la reina sin
dejar que terminara de hablar, se lanzó encolerizada sobre él matándolo de
una puñalada.
Esa noche la reina no durmió pensando como hacer para
encontrar a Blanca Flor y deshacerse de ella.
Al día siguiente se disfrazó la reina con ropas muy
humildes, desfigurándose el rostro con ungüentos y cambiando su fisionomía de
tal modo que nadie pudo reconocerla.
En un estuche de plata, hermosamente labrado, colocó un
collar de oro al que le había untado una preparación que haría que la persona
que se lo colocara al cuello caería en un sueño semejante a la muerte.
Salió la reina al camino y pronto se internó en el bosque
buscando a Blanca Flor. Por fin llegó a la choza de los bandoleros.
Blanca Flor que se encontraba sola en la choza, oyó que
tocaron a la puerta, se asomó a la ventana y vio a una viejecita que al parecer
era buena y amable. Corrió y le abrió la puerta.
- Niña, dijo la reina malvada, - quisiera que me
socorrieras y me dieras un vaso de agua. Ando muy cansada y tengo mucha sed.
- Pase, señora, contestó Blanca Flor, apresurándose a
traerle el agua a la vieja. Esta tomó el agua y dándole las gracias a Blanca
Flor le dijo:
- Niña, tengo que partir, pero como has sido tan buena
conmigo te voy a regalar este collarcito de oro.
- Gracias, señora, dijo Blanca Flor tomando el collar y
colocándoselo al cuello. Tan pronto como se abrochó el collar cayó sin
sentido al suelo, como si hubiera muerto al instante.
Dejando a la niña tendida en el suelo donde había caído,
huyó la vieja.
Por la noche volvieron los ladrones y encontraron a Blanca
Flor tendida, al parecer muerta. Hicieron todo cuanto pudieron por revivirla
pero todo fue inútil.
Decidieron los bandidos hacer un ataúd de cristal y en el
guardar a Blanca Flor. Colocaron el ataúd en una gruta cerca de la choza para
así poder visitar a la pobre Blanca flor todos los días, porque le habían
tomado mucho cariño.
Pasó el tiempo, y un día que llovía a torrentes, llegó
un príncipe a refugiarse del agua en la gruta. Allí vio el ataúd de cristal y
los criados del príncipe encendieron antorchas y a la luz de ellas pudo ver el
príncipe a Blanca Flor, enamorándose de su hermosura. También él creyó que
la bella niña estaba muerta y se propuso llevar el ataúd a su reino. Así lo
ordenó y ya en su reino mandó que se hiciera una capilla donde depositó el
ataúd con Blanca Flor.
Un día enfermó el sacristán de la capilla de Blanca
Flor, y mandaron otro en su lugar. Este que era muy bribón, al ver el collar
que tenía Blanca Flor, decidió robárselo. Le quitó con mucho cuidado el
collar a la niña y al instante se escuchó un trueno y Blanca Flor despertó.
El hombre sin querer saber más salió corriendo espantado, dando de alaridos.
Al oír aquel estrépito, el príncipe corrió a la capilla donde vio a Blanca
Flor sentada en su ataúd. La niña al verlo se enamoró de él.
Le relató Blanca Flor toda su historia y el príncipe
indignado mando juntar un ejército y salió a castigar a la madre de la hermosa
princesa.
Después Blanca Flor y el príncipe se casaron y vivieron
muy felices.
Fin.