Las
aves nocturnas
Autor : J. Oza.
Las aves nocturnas
En un reino desconocido para todo el mundo, excepto para
los que en él vivían, existía, realmente aún existe, un muchacho joven,
vivaracho o con un gran amor hacia la naturaleza, el cuál era siempre acechado
por los otros jóvenes de la región que solo pensaban en divertirse.
El joven, llamado Al, era un típico joven de la región,
pelo oscuro, tez blanca, ojos café obscuro, estatura mediana, y como en toda
historia entre el bien y el mal, existía, o existe, otro joven, quién
despreciaba toda la belleza que lo rodeaba, cabe aclarar que Vic era bastante
bien parecido, rubio, de ojos azules, con gran personalidad.
Vic era admirado por todas las chicas del reino, excepto
por una, Dai.
Y como en toda historia, esta chica era pretendida por Vic.
Dai no tenía preferencia por nadie, pues ella estaba
segura que la persona a la que ella amaría llegaría de manera espontanea, pero
sabía también que antes de amar a una persona, primero debería admirarla.
Cierto día, en un paseo escolar, los alumnos del
alquimista fueron a recorrer los alrededores del reino, escalaron una montaña,
el alquimista Roland les dijo que no se aventuraran a las cuevas porque podrían
encontrarse en peligro de muerte, ya que por las noches salían aves nocturnas
sedientas de sangre.
Obviamente estas prohibiciones no se deben hacer a los
adolescentes, porque son invitaciones a desobedecer, ¿o sería un plan con maña
de parte de Roland?.
El caso es que Vic, junto con otros chicos y chicas,
incluyendo a Dai, se aventuraron en las cuevas, en total fueron 10 chicos
curiosos, bueno 11, lo que pasa es que Al decidió ingresar también pero para
estudiar esas aves que la gente decía que bebían sangre, ya que cierto día
por la mañana, él encontró una de ellas en su balcón, la cuál estaba
muriendo, y la verdad que no le pareció tan mala.
Lo cierto de todo esto es que anocheció y de los 11
muchachos solo regresaron 6, los otros 5 quedaron perdidos en la soledad de las
cuevas.
Roland tuvo que volver al pueblo e informar al rey lo
sucedido.
Por último, el rey tuvo que informar de lo sucedido a su
comunidad, quedando 3 familias en la desolación de no saber que ha pasado con
sus seres queridos.
Los desaparecidos son: Vic, Dai, Al, Bobe y su hermana Nila.
Mientras tanto en las cuevas, Vic, Dai, Bobe y Nila se
encontraban perdidos, asustados y hambrientos, se escondieron al escuchar salir
a las aves nocturnas de la cueva; y como sucede en estas situaciones
desesperadas, habían empezado a discutir entre ellos; la verdad de las cosas es
que Vic había querido impresionar a Dai y la guió, junto con los demás, a lo
mas recóndito de las cuevas para después regresarlos a la luz y aparecer como
héroe, rescatando a sus compañeros de ese peligroso lugar; el problema es que
también se había perdido.
Todo se agravó cuando el grupo de muchachos decidió
avanzar y llegó hasta un lugar donde se encontraban los nidos de las aves, las
que cuidaban dicho nido, los olfatearon y los empezaron a rodear, a lo que Vic
respondió aventándoles piedras, lo cuál solo sirvió para enfurecer a las
aves que sentían la amenaza hacia sus críos; de tal manera que se lanzaron
contra los invasores, alcanzando a darles pequeñas mordidas, que si bien no son
graves, ellos no lo sabían.
Sucedió que estaban cubiertos por las aves nocturnas,
cuando de repente se escuchó una bella melodía que surgía de la oscuridad, la
cuál transmitía los sonidos propios de la naturaleza, paz y tranquilidad; al
escucharla, las aves volvieron a sus nidos a disfrutar la melodía, olvidándose
de los intrusos, los cuáles aún sin salir de su asombro, se incorporaron y
corrieron sin detenerse hasta encontrar la salida.
Era de mañana cuando los 4 jóvenes entraron a la ciudad y
ante la alegría y el alboroto de amigos y familiares contaron lo sucedido.
Al pasar el alboroto, el rey les preguntó por el otro
muchacho desaparecido, a lo que ellos contestaron que no lo habían visto.
Al ver el rey que la familia de Al no estaba en la plaza,
mandó llamar a sus padres para preguntarles porqué no estaban preocupados por
su hijo, los padres le informaron que Al era un muchacho aventurero y que no era
la primera vez que pasaba la noche bajo el cobijo de las estrellas.
Como era de esperarse de un líder como Vic, convenció al
rey de que había que acabar con las criaturas demoniacas que habitaban en las
cuevas.
Se organizó una gran turba para acabar con dichas
criaturas y se enfilaron a las cuevas, llevaban antorchas para quemar aquél
inmundo lugar; a la cabeza iba Vic, y junto a él iba el rey.
Conforme avanzaban, Vic iba contando y exagerando las
experiencias vividas la noche anterior, de como había luchado contra un ave de
2 metros de altura, de como vio restos humanos esparcidos en el piso, de como
les brillaban los ojos en la oscuridad tal si fueran diablos.
Los otros 3 jóvenes solo lo escuchaban, y por temor a la
turba que cada vez se enardecía mas, no contaron su versión.
Ya reunidos en lo alto de la montaña, el temor se apoderó
de los aldeanos al momento de decidir quién entraría a sacrificar a esos
malignos seres.
Vic dijo que el prefería que otra persona entrara porque
era probable que las aves lo reconocerían y saldrían huyendo de él y atacarían
a los que estaban afuera.
El rey solicitó un voluntario, pero nadie se ofrecía, el
rey ofreció una recompensa, paro ni así hubo valientes; al fin, de entre la
multitud se escuchó un voluntario.
Al acercarse, el rey, vio que el candidato era Al, quién
le pidió la oportunidad de entrar, a lo que el rey accedió inmediatamente, sin
embargo, Al puso 2 condiciones, la primera era que entraría sin antorcha, y la
segunda, le cambiaba la recompensa ofrecida por una petición, misma que indicaría
al salir de la cueva.
Aceptado lo anterior, Al ingresó a la cueva, regresando en
no menos de 15 minutos con algo en las manos; se sentó junto al rey, a la vista
de todos y les enseñó lo que traía en las manos, era un bebé de las aves
nocturnas, era hermoso, con unos ojos negros enormes, su plumaje parecía de
terciopelo negro, y con una gracia digna de compararse con la de un bebé
humano.
Al le explicó al rey la razón por la que las aves habían
atacado a los jóvenes; tal y como lo haría cualquier madre, sintieron temor
por sus crías y ofrecieron sus vidas para defenderlos.
Vic se enfrentó a Al diciéndole que mentía y que la
realidad era otra, Al comentó que no era la primera vez que entraba a las
cuevas y que tenía mucho tiempo observando las aves, indicando que no eran
agresivas y que su comida era en base a insectos y a frutas silvestres, y que
ninguna de ellas medía mas de 30 cms.
Vic, al sentirse humillado, cambió el tema e incitó a la
violencia de los pobladores, infundiéndoles temor e indicando que Al era un
muchacho raro, diferente a los demás de la comarca y que probablemente estaba
hechizado; al oír esto, la gente trató de matar a la pequeña ave; Al se
incorporó y lo protegió con su cuerpo y le gritó al rey que le había
prometido cambiar la recompensa por una petición.
El rey, fiel como siempre a sus promesas, ordenó a sus
guardias que tranquilizaran a la turba, y le cedió la palabra al joven
protector de las aves.
Su petición era que el rey y la gente escucharan a otros
testigos sobre la bondad de las aves, la cuál fue aceptada no con mucho agrado
por Vic.
Al llamó a varios campesinos, quienes habían recogido el
excremento de las aves dentro de las cuevas y lo habían utilizado para
fertilizar la tierra donde se cosechaba el alimento del pueblo.
Uno de ellos les dijo que las cosechas eran más abundantes
y el fruto de mejor sabor gracias a ese abono.
También hicieron notar que las plagas había disminuido a
raíz de la llegada de estas aves nocturnas.
Ante tales argumentos, la gente se tranquilizó y esto dio
valor a Dai para contar la verdad de lo que había sucedido en el interior de la
cueva.
El rey molesto con Vic lo mandó apresar y lo sentenció a
sacar el excremento de las aves durante los próximos 6 meses.
El rey felicitó a Al por su amor a la naturaleza, el cuál
permitió salvar la vida de las benditas aves que solo traían beneficios a su
tierra, y se reprendió y reprendió al pueblo por la facilidad con que fueron
convencidos por palabras tan ligeras como las expresadas por Vic.
Comentó que era muy triste que en su reino hubiera tan
pocas personas como Al, y tantas como Vic, pero que a partir de ese momento,
hablaría con Roland para incrementar el contacto con la bella naturaleza que
los rodeaba.
Antes de terminar la sesión en lo alto de la montaña, Dai
preguntó a Al quién había emitido esa bella melodía dentro de la cueva; Al
sacó de su bolsa un recipiente con agua y lo vertió sobre una roca, lo que
provocó un dulce sonido, y con los labios empezó a silbar imitando el trinar
de los pájaros, ambos sonidos emitían una hermosa melodía llena de paz.
Dai le preguntó a Al que en donde había escuchado esa
hermosa canción; Al mirándola a los ojos, y descubriendo en ella una belleza
que antes no había visto, le sonrió y le dijo que si bajaba al valle y se
sentaba en silencio podría escuchar los sonidos de la naturaleza, iguales a los
que él imitó.
Tras esta respuesta, Al dio media vuelta y se internó en
las cuevas para dejar al ave en su terruño.
Dai descubrió en su corazón que ese muchacho era digno de
admiración.
Fin.