Con algunos
ahorros, un hombre de un pueblo de la India compró un burro joven. La persona
que se lo vendió le previno de la cantidad de comida que tenía que procurarle
todos los días.
Pero el nuevo propietario pensó que tal cantidad era
excesiva y comenzó a restar comida día a día al pollino.
Hasta tal punto disminuyó la ración de alimento al asno
que, un día, el pobre animal amaneció muerto. Entonces el hombre comenzó a
gimotear y a lamentarse así:
--¡Qué
desgracia! ¡Vaya fatalidad! Si me hubiera dado un poco más de tiempo antes de
morirse, yo hubiera logrado que se acostumbrase a no comer nada en absoluto.